Vivir Quintana y la música como grito feminista

A partir de la unión del feminismo y la musicología, consideraremos cómo el arte musical se ha convertido en un instrumento de resistencia, memoria y transformación social. Esto a través del ejemplo de la cantautora mexicana Vivir Quintana, pues en su trabajo artístico se ve reflejado el papel que juega el lenguaje como vehículo para narrar las historias de violencia que muchas mujeres viven a diario.

Comenzando con la perspectiva filosófica, argumentando que la música no es solo un fenómeno estético, también se manifiesta como un tejido de relaciones sociales que acompaña al activismo, condición que sirve para nombrar, documentar e impulsar la creatividad humana para así convertirse en un espacio donde la memoria colectiva encuentra formas y expresión en el sonido, pues desde que nacemos, toda nuestra vida social está impregnada de musicalidad.

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En este sentido, al romper con la visión tradicional de lo que es la música, se deja al descubierto que en ella se proyectan identidades, jerarquías y estructuras de poder, condiciones que muestran el cómo se ha permitido o restringido su práctica y desarrollo según el género. Como el canon histórico construido sobre obras clásicas, donde la selección de ellas no se basó en una selección neutral de «calidad«, más bien como un producto social que excluyó sistemáticamente a las compositoras femeninas y sus trabajos.

También, en el ámbito público, como conciertos o dirección orquestal, esta actividad únicamente estaba reservada para los hombres, mientras que las mujeres fueron relegadas; y en la actualidad, no ha cambiado mucho. Laura Reyes, directora de la Filarmónica de la Ciudad de México, lo ha vivido: “en México aún hay miedo de que una mujer dirija una orquesta profesional. Es una especie de resistencia, pero sobre todo miedo. Una especie de temor a que una mujer tome decisiones cruciales para la orquesta y que éstas sean erradas1«. Hoy siguen existiendo muchos mitos sociales que dificultan que las mujeres accedan a la dirección orquestal.

Cambios en la musicología

Desde lo anterior, entendemos que la musicología feminista se ha venido planteando algo muy claro: volver a mirar la historia de la música, pero ahora desde otro lugar, revisando lo que se ha contado durante años para preguntarnos qué pasó con la música creada por mujeres en cada periodo de la historia. La intención no es menor, pues se intenta reconstruir una historia del arte musical que de verdad pueda incluir a todas las personas, no solamente a quienes tradicionalmente han ocupado el centro del relato. Pero para ello, es fundamental reconocer las condiciones sociales, culturales y estructurales que siguen limitando la participación de la mujer, y al mismo tiempo abrir espacios más justos en la creación, la interpretación y la enseñanza musical.

A inicios de los ochenta es donde la musicología feminista comienza a integrar de manera sistemática la perspectiva de género en el análisis musical, permitiendo entender a la música como un producto social que refleja el contexto en el que surge y, en muchos casos, contribuye a mantenerlo. En este punto resulta crucial la “hermenéutica de la sospecha” propuesta por Celia Amorós, que hoy es una herramienta clave para la musicología feminista, ya que esta propuesta nos invita a no aceptar sin fundamento los documentos y discursos heredados, sino a cuestionarlos, para reconocer que muchos de ellos están sujetos a una construcción social de dominación para la nula aportación y desarrollo de la mujer2.

Justamente, esta metodología invita a “sospechar” de la versión tradicional para abrir oportunidades y recuperar obras, trayectorias y nombres que quedaron fuera del relato dominante, y así construir una historia de la música más amplia e incluyente. Además, este enfoque no se limita a añadir compositoras a una lista ya establecida. El desafío es más profundo: implica analizar sus obras desde sus propios contextos, tomando en cuenta sus circunstancias y criterios, sin forzarlas a ajustarse a parámetros definidos por tradiciones subordinadas.

Hasta aquí, podemos ver que la musicología feminista ha permitido rescatar obras de mujeres históricamente silenciadas, cuestionando el sesgo de género y el trabajo extraordinario en la dirección orquestal y la enseñanza de dicho arte, pero ¿qué más sigue?

Desde el contexto actual de la industria musical, se hace presente la carrera de Vivir Quintana (Viviana Monserrat Quintana Rodríguez), cantautora mexicana que destaca en el género musical regional y folk, donde ha posicionado su ‘Canción sin miedo’ como un himno global por los derechos de la mujer.  El origen de esta canción en sí es un acto de memoria porque nació para hablar del tema del feminicidio, donde la autora se vio influenciada por el caso personal de una de sus amigas. Al escribir la letra, Quintana buscó reflejar la «rabia de las mujeres que han sido víctimas«, convirtiendo el dolor en un estandarte de lucha para pedir justicia3.

Dicha vivencia coincide en la importancia de generar referentes femeninos y nuevas narrativas que rompan con los esquemas tradicionales de composición y comercialización de la música, ya que se debe subrayar la creatividad y el activismo social de las artistas para alcanzar una verdadera igualdad en la industria y consumo musical.

La figura de Vivir Quintana nos abre una oportunidad para hacer filosofía, porque nos permite analizar el papel vital del lenguaje, con el uso de sus letras como vehículo que manifiestan las vivencias de las víctimas de la violencia de género. Aquí el lenguaje vive para entender a la música como un «arte de contar y no olvidar«, donde dicho lenguaje se convierte en una canción de protesta, en una forma de visibilización capaz de estremecer el corazón de quienes luchan contra la violencia. Así, el lenguaje procede como un grito de justicia.

Un ejemplo más lo encontramos en su álbum «Cosas que sorprenden a la audiencia” con la canción «Era él o era yo«, ya que utiliza su letra para exhibir el relato verídico de una mujer encarcelada por defenderse de su atacante según la figura jurídica del «exceso de legítima defensa» provocando un debate de género sobre las leyes que defienden más al victimario que a la víctima, trasladando la vivencia de esta mujer para que el público pueda comprender el amor por la vida que a cada mujer le han arrebatado.

También, es necesario decir que el trabajo de Quintana ha llegado a comunidades indígenas, grabando versiones de su himno “Canción sin miedo” en lengua Ayuuk, permitiendo que mujeres que históricamente han sido doblemente invisibilizadas, por su género y su etnia, se reconozcan en el relato y entiendan que su lucha también es valorada.

La lucha de hoy

La música, vista a través de las propuestas de la musicología feminista, deja de ser una disciplina técnica y aislada, porque puede llegar a convertirse en una herramienta pedagógica emancipatoria para fomentar el desarrollo de una conciencia crítica para los estudiantes de música, quienes pueden comprender que el conocimiento musical no es neutral, sino que está atravesado por contextos históricos, culturales y sociales. De esta manera, la educación musical deja de centrarse exclusivamente en la transmisión de contenidos y se orienta hacia la formación de sujetos capaces de analizar, cuestionar y transformar las estructuras de desigualdad presentes en el ámbito cultural.

En México, principalmente en instituciones especializadas como la Escuela Superior de Música (ESM) del CENART, la Facultad de Música de la UNAM (FaM) en Coyoacán y el Conservatorio Nacional de Música, es donde a nivel profesional se muestra un predominio de hombres y las mujeres enfrentan una mayor brecha de género y subrepresentación en el ámbito musical4.

Por ello, no debemos dejar a un lado el acto de contar las historias de las mujeres a través de la música para construir una historia que incluya sus vidas y obras, contraponiéndose a la narrativa oficial que las marginó y que el clamor por la justicia y la igualdad no se pierda en el silencio.

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Imagen | Wikipedia

Notas

[1]. Vargas, Á. (2025, mayo 3). En México persiste el miedo de que una mujer dirija una orquesta. La Jornada. https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/05/03/cultura/en-mexico-persiste-el-miedo-de-que-una-mujer-dirija-una-orquesta

[2]. Fernández, M. & Shifres, F. (2022). Musicología feminista: un resumen crítico. 10° Jornadas de Investigación en Disciplinas Artísticas y Proyectuales: Trayectos, Reflexiones y Experiencias. Facultad de Artes – Universidad Nacional de La Plata, La Plata

[3]. Barbosa, G. (2022, 8 de marzo). Vivir Quintana, creadora de ‘Canción sin miedo’, tuvo un caso cercano de feminicidio: «no hay día que no me acuerde de ella». Milenio.

[4]. FIM GDL. (s/f). Udg.mx. Recuperado el 5 de marzo de 2026, de https://fimgdl.udg.mx/noticia/mujeres-en-la-industria-musical

Bibliografía

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Canela Music. (s.f.). Vivir Quintana: La voz del feminismo en la música [Archivo de video]. YouTube.

García Vázquez, B. M. (2013). Lo estético en la música: Una mirada desde la sensibilidad martiana. Atenas, 2(22), 89–98.

Lorenzo Arribas, J. (2004). Reseña de Feminismo y música. Introducción crítica de Pilar Ramos López. Trans. Revista Transcultural de Música, (8).

Martin México. (s.f.). Usuarios Martin México: Vivir Quintana.

Soler Campo, S. (2016). Mujeres y música: Obstáculos vencidos y caminos por recorrer. Dossiers Feministes, (21), 157–174. http://dx.doi.org/10.6035/Dossiers.2016.21.10

Cita este artículo (APA): Amezcua, P. (2026, 08 de marzo). Vivir Quintana y la música como grito feminista. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2026/03/vivir-quintana-musica-feminista

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