Descubre cómo el yoga y el mindfulness te hacen creer que todo es tu culpa

¿Por qué el yoga y el mindfulness pueden ser problemáticos hoy? Porque transforman problemas sociales en responsabilidades individuales, promoviendo una idea de bienestar que oculta desigualdades estructurales y convierte el sufrimiento en un fallo personal, alineado con la lógica neoliberal contemporánea.

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Ya no es novedad saber que, si nos asomamos a las redes sociales, podemos encontrar cientos de imágenes creadas de manera cuidadosa y estratégica para capturar nuestra atención. Entre ellas, y las que nos interesan para esa reflexión, son las que tienen por tema yoga, mindfulness y bienestar. Estas son construidas con total pulcritud a través de ambientes de luces cálidas, fondos minimalistas y cuerpos en actitud serena y relajada. Es cierto también que responden a una narrativa controlada que dirige directamente a generar una emoción y que los que miramos “conectamos” con ideas de bienestar, relajación y salud, todos ellos factores que en nuestro mundo actual son altamente deseables.

Asimismo, los textos que las acompañan refuerzan estas ideas cuando se dirigen directamente a la invitación de sentirse bien a través de frases como “descubre tu potencial para ser feliz”, “construye tu bienestar”, “dentro de ti está todo lo que estás buscando para tener una vida saludable”, “descubre que el camino eres tú”. Todas ellas se dirigen a un discurso en el que se enfatiza la idea de que nosotros somos totalmente responsables de lo que nos pasa. Para ser justos, es cierto que nosotros somos responsables de nosotros mismos, solo que hay un matiz que vale la pena analizar en esta narrativa: ¿somos los únicos responsables? Es decir, si no somos felices, saludables, ecuánimes, ¿es totalmente nuestra responsabilidad? Y si vamos un poquito más lejos, podemos cuestionar también qué es aquello que no se dice, es decir: ¿qué hay detrás de ese personaje sentado en postura de loto cuyo rostro dibuja una sonrisa de felicidad plena?, ¿siempre está feliz?, ¿siempre tiene tiempo para hacer yoga?, ¿tiene una situación económica que le permite mantenerse siempre cool, lejos del estrés?

Justo ahí es donde aparece la duda: no tanto en la imagen misma, sino en el discurso que intenta generar dos cosas1: que existe una responsabilidad individualizada del bienestar y de la salud física, emocional y mental, la cual nosotros mismos estamos comprando y asumiendo como propia; y2 que estas prácticas no pueden resolver el malestar que prometen curar.

Ahora bien, esto último no se debe a un fallo interno de dichas prácticas, sino que esa carencia aparece como síntoma de la propia estructura de nuestra vida neoliberal, la cual se intenta evadir delegándonos —a nosotros— la responsabilidad de alcanzar nuestras propias metas. De este modo, lo dicho hasta aquí me lleva a dar cuenta de una trampa que hace parecer una cosa que en el fondo no es, o por lo menos, algo de ello no es del todo como se dice que es.

Consumo del bienestar

Siguiendo la lectura de algunos textos sobre este tema3, tanto el yoga como la meditación han experimentado una gran expansión desde finales del siglo XIX, la cual se ha ido adaptando a las necesidades: primero espirituales y psicológicas, y luego mercantiles de Occidente. Lo que comienza como un interés por las prácticas espirituales orientales derivó en una industria bastante exitosa. Por todos lados, encontramos apps para meditar, talleres de mindfulness para empresas, influencers especializados en el bienestar, certificaciones al por mayor que te vuelven experto en un fin de semana.

Estas prácticas llegaron bajo la idea de que dentro de su misticismo podemos encontrar herramientas y técnicas que, si son bien empleadas, nos llevan a estar bien, a sentirnos bien. Esto quiere decir que, si somos disciplinados, podemos lograr cada uno de nosotros la meta del bienestar y esta se muestra alcanzable. Bajo este enfoque, quien no está bien es porque no ha accedido a las herramientas adecuadas o no ha trabajado lo suficiente en sí mismo. El agotamiento, el estrés y la depresión son síntomas de que no estamos poniendo atención a nuestro interior y no somos conscientes de nuestros límites. Si nos enfermamos es porque algo en nuestro interior no está funcionando y no le estamos prestando atención. Es decir, que el sufrimiento es un síntoma de un fallo personal y su antídoto está disponible a través de facilitadores, expertos y apps. Claro, solo falta que los pagues.

La privatización del malestar

Es muy interesante observar cómo en las sociedades contemporáneas se arraiga y se desplaza progresivamente la responsabilidad de los problemas colectivos hacia los individuos. Los problemas estructurales de una sociedad (pobreza, desempleo, enfermedad) son trasladados a deficiencias psicológicas individuales4 derivadas de decisiones, actitudes o capacidades personales. Es decir, que si no somos felices, exitosos y ricos es porque no hemos optado por ello. El término “meritocracia” resuena perfectamente aquí, pues uno tiene lo que merece independientemente de las condiciones sociales, económicas o circunstanciales del lugar en el que se vive. Con ello, aparece la idea ilusoria de que si nos esforzamos, somos tenaces y optimistas, en algún momento nos veremos recompensados por ello5.

El bienestar contemporáneo se inscribe en este contexto. La salud mental, el equilibrio emocional y la resiliencia6 ante la adversidad se presentan como habilidades que cada persona debe desarrollar y de cuya consecución es responsable. En este marco, la organización económica, urbanística y laboral —así como las dependencias estatales— puede desentenderse de las consecuencias derivadas de la falta de canasta básica, el desempleo y la inhabitabilidad de las ciudades, bajo la premisa de que contamos con una diversidad de opciones en el mercado capaces de proveer estos servicios y de ayudarnos a mitigar cualquier malestar de manera privada.

El problema, como señalan Cabanas Cabanas e Illouz7, está en que el desplazamiento de responsabilidad hacia los individuos no lleva solo al bienestar de las personas (crecimiento personal, mejora social), sino que va de la mano del interés por el  consumo y el afianzamiento de la ideología neoliberal por encima del bienestar real de la sociedad.

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La meditación y el yoga
como herramientas de productividad

Bajo la lógica que se ha descrito hasta aquí, podemos entender por qué el yoga y la meditación se redujeron a herramientas de bienestar en nuestra actualidad. Si nosotros somos responsables de aplicar los antídotos a nuestros malestares físicos y psicológicos, estas prácticas nos ofrecen técnicas para la relajación y adaptación a nuestra vida laboral, social y personal8. Evidentemente, esto deja de lado la posibilidad de cuestionar las causas del malestar: ¿por qué nos estresamos? ¿Solo es parte de una incapacidad de adaptación a las condiciones actuales que exigen de nosotros rendimiento,  productividad y, por tanto, resiliencia?

De este modo, nos entrenamos para responder a las exigencias del mundo contemporáneo: nos ejercitamos en una concentración casi compulsiva en el “ahora” del qué hacer y dejamos de pensar en cualquier otra cosa. El bienestar, entonces, se traduce en el cuidado de nosotros mismos para mantenernos funcionales y productivos, para sostener una idea de felicidad incluso cuando el mundo parece desmoronarse.

Entonces, ¿el yoga y la meditación pueden sobrevivir a este reduccionismo, a ser entendidos únicamente como herramientas y técnicas que mitigan un malestar individualizado? Sí, pero esa es una cuestión que merece desarrollarse aparte.

Puntos clave:

  • El yoga y el mindfulness promueven la responsabilidad individual, ocultando desigualdades estructurales.
  • Las imágenes en redes sociales transmiten una narrativa de bienestar que desvía la atención de problemas sociales.
  • El consumo del bienestar convierte el malestar colectivo en problemas individuales, enfatizando la meritocracia.
  • El bienestar se presenta como una habilidad personal que desvincula a las estructuras sociales de sus responsabilidades.
  • El yoga y la meditación se reducen a herramientas de productividad, dejando de lado las causas del malestar individual.

Notas

[1] Véase Singleton, M. (2018). El cuerpo del yoga: los orígenes de la práctica postural moderna (E. Kohen, Trad.). Kairós, y Fahsi, Z. (2025). El yoga, nuevo espíritu del capitalismo (E. Kohen, Trad.). La Cebra.

[2] Cabanas, E. e Illouz, E. (2019). Happycracia: cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas. Paidós.

[3] Véase Singleton, M. (2018). El cuerpo del yoga: los orígenes de la práctica postural moderna (E. Kohen, Trad.). Kairós, y Fahsi, Z. (2025). El yoga, nuevo espíritu del capitalismo (E. Kohen, Trad.). La Cebra.

[4] Cabanas, E. e Illouz, E. (2019). Happycracia: cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas. Paidós.

[5] Ibídem.

[6] Este término tan sonado en las redes sociales en los últimos años refiere a la capacidad que tenemos de adaptarnos a circunstancias adversas por las que atravesamos. Si bien es una habilidad positiva para la vida que hace frente a la frustración (psicología individual), es cierto también que aparece en un momento de incertidumbre humana para suavizar o anestesiar la inconformidad y la crítica a la falta de propuestas a nivel global o su ineficiencia para enfrentar las catástrofes planetarias que vivimos.

[7] Cabanas, E. e Illouz, E. (2019). Happycracia: cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas. Paidós.

[8] Purser, R. (2019). Mindfulness: la nueva espiritualidad capitalista. Nueva Sociedad. https://nuso.org/articulo/espiritualidad-capitalismo-neoliberalismo/ Runge Peña, A.K. y Muñoz Gaviria, D.A. (s.f.). Individualización y formación universitaria en la sociedad del riesgo. Reflexiones a propósito del trabajo de Ulrich Beck. Dialnet. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/789

Cita este artículo (APA): Martínez, E. (2026, 24 de abril). Descubre cómo el yoga y el mindfulness te hacen creer que todo es tu culpa. Filosofía en la Red. Sitio web:  https://filosofiaenlared.com/2026/04/bienestar-yoga-mindfulness

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