Oración y sufrimiento en Etty Hillesum

¿Qué significa orar con los ojos abiertos al mundo? Implica unir interioridad y realidad, reconociendo el sufrimiento ajeno y transformándolo en compromiso, sentido y encuentro con lo trascendente en lo cotidiano.

Este artículo se ofrece gratis gracias a la publicidad. Si prefieres leerlo sin anuncios, y al mismo tiempo apoyar nuestro proyecto filosófico, disfruta la experiencia premium.

Orar con los ojos abiertos al mundo es saberse implicado en la realidad del sufrimiento y del dolor de las víctimas; es saberse en búsqueda, abierto a la escucha de la voz interior, pero con la mirada puesta en la realidad. Es velar por la posibilidad de encontrar, en lo cotidiano, un tiempo para orar, sin necesidad de un espacio específico, sino haciendo un camino en el que volver al interior implique orar, tranquilizar el caos interno, saberse amado y amar. Así, se abre la oportunidad de colaborar con dios para superar las adversidades sirviendo a los demás y construyendo un lugar de oración para el encuentro con él.

Es así como, desde la iluminación del Diario de Etty Hillesum, se postula un ejercicio de lectura en clave de oración, teniendo la mirada puesta en el horizonte para poder vislumbrar algunas claves espirituales que puedan contribuir a generar una experiencia de oración significativa en tiempos de vulnerabilidad y sufrimiento.

De tal forma que el objetivo de esta reflexión es postular algunas intuiciones en torno a la oración y la memoria de sufrimiento, tomando como iluminación los ecos que subyacen de la lectura del diario de Etty Hillesum, quien, a lo largo de su itinerario espiritual, permite vislumbrar cómo su proceso de búsqueda de sentido y el cultivo de su inteligencia espiritual van más allá de un movimiento de introspección, pues le llevan a construir un lugar para el encuentro con dios, incluso en medio de la memoria del sufrimiento.

Un lugar en el que, de forma sencilla y sin ningún tipo de protocolo, y desde lo cotidiano del acontecer de la realidad de sufrimiento que viven tantos hombres y mujeres en el mundo, se construye una experiencia significativa de oración con los ojos abiertos al mundo: un proyecto de seguimiento de “la chica que no sabía arrodillarse. La chica que aprendió a orar1”.

La chica que, en medio de la adversidad, en una actitud de confianza, se abandonó en las manos de dios y, adentrándose en sí misma, lo reconoce como el centro de su persona, comprendiendo su interior como el templo en el cual este habita, llegando incluso a términos en los que compara la presencia de dios en su interior con un pozo, elevando una de las tantas oraciones escritas que hacen parte de sus escritos: «dentro de mí hay un pozo profundo. Y ahí dentro está dios. A veces me es accesible. Pero a menudo hay piedras y escombros taponando ese pozo, y entonces dios está enterrado. Hay que desenterrarlo de nuevo2«.

De tal forma que Etty se reconoce amada, habitada por un algo más que, llegado el momento, le permitirá ver la realidad desde una perspectiva integral, enfrentándose a ella con tal fortaleza que adquirirá sentido el paso de un yo a un nosotros significativo, lo que le permitirá verse a sí misma de una forma diferente, pero en plena unidad con el otro, con los otros, descubriendo que, dentro de todo el caos que la habita, está dios, que ilumina su vida interior en medio de lo cotidiano y de la dura realidad por la que atraviesa su pueblo.

En este sentido, podría postularse entonces que el germen de la oración ha sido sembrado en Etty, de tal modo que es el tipo propicio para disponerse al encuentro, no como quien establece un protocolo o quien, dentro de un calendario, organiza una rutina, sino como quien se sabe iniciando un camino de búsqueda y de aprendizaje dentro del marco de una vida conmocionada.

Empezando a moldear los matices que caracterizarán el itinerario que describirá su práctica de la oración, para entrar en diálogo y comunión con dios, permitiendo que esta fuente de vida, que hace parte de su interior, tome forma en el exterior, prefigurándose como una postura corporal tan sencilla, pero a la vez tan específica, como lo es arrodillarse para amar y dejarse amar.

Considerando este arrodillarse no como una simple postura, sino como un acto de humildad en el que se expresa “heme aquí”, en búsqueda de sentido, dispuesta a colaborar con dios, a llevar el amor a los corazones de los otros. De tal modo que el primer momento de este itinerario se presenta desde el presupuesto de:

Buscar un tiempo
en lo cotidiano para orar

Etty reserva un tiempo: «creo que lo haré: cada mañana, antes de empezar a trabajar […] me adentraré en mí misma” media horita; escucharé lo que hay en mi interior3«. Ella reorganiza sus actividades y se dispone, abriendo la puerta a su ser interior, en medio del silencio y la soledad, para descubrirse amada en medio de su caos interior, empezando a trazar las líneas que definirán los matices de una práctica de resistencia interior frente al caos exterior.

La disciplina y la reserva de un tiempo personal para el encuentro consigo misma se constituyen en la posibilidad de encontrarse con el amado y saberse querida por un amor que permea todas y cada una de las acciones cotidianas; un amor que se abre a la escucha y permanece con los ojos abiertos al mundo.

De tal modo que su ejercicio de búsqueda interior no la desvincula del contacto con la realidad de vulnerabilidad, sintiéndose llamada a estar en un constante hacer memoria del dolor y el sufrimiento, postulando que: «debemos mantenernos en contacto con el mundo actual, tratar de encontrar nuestro lugar en él; no podemos vivir únicamente con los valores eternos, pues eso podría degenerar también en la política del avestruz4«.

Se trata de un tiempo que, al inicio de su itinerario, es tomado en horas de la mañana y que, con el paso de los días, adquirirá un nuevo matiz, dándose en las primeras horas de la tarde, en el campo de concentración de Westerbork.

La reserva de un tiempo se convierte en una interpelación, no solo para Etty, sino para cada ser humano, en gran medida para quienes somos hijos de una época llena de ocupaciones y distracciones, en la que las pantallas y la tecnología median cada una de las interacciones, definiendo los espacios de quietud como espacios que pocas veces merecen ser tomados, puesto que la idolatría por la productividad y el progreso toca a la puerta de la casa.

Reduciendo, de esta forma, la posibilidad de determinar un tiempo para el silencio o de pensar en la oportunidad de hacer una pausa dentro del orden frenético que demarca los movimientos de los desplazamientos que se dan entre una actividad y otra, tapando la mirada con un lente bifocal tan oscuro que impide ver el rostro de aquel que sufre, alejando el sentido que irá adquiriendo el dejar entrar a dios en el pozo interior.

Por otra parte, aparece como una sombra gris el miedo a estar solos, a contemplar nuestra propia realidad, circunstancia que aterra a muchos, sorprende a pocos y cuestiona a intelectuales, y que para Etty adquiere sentido desde la perspectiva de saberse una con la trascendencia, saberse una con la realidad de su pueblo, alejada de la idea de esconder la cabeza como el avestruz, cubriendo la realidad y poniendo un velo ante sus ojos.

Este artículo se ofrece gratis gracias a la publicidad. Si prefieres leerlo sin anuncios, y al mismo tiempo apoyar nuestro proyecto filosófico, disfruta la experiencia premium.

Un lugar para la oración

Dentro del itinerario de Etty Hillesun, no se precisa de un lugar en específico para orar; ella oraba en el baño, en el pasillo, en el patio, en su habitación, mirando la ciudad por la ventana, contemplando los barracones; incluso se podría decir que oraba con la mirada puesta en la memoria del sufrimiento de su pueblo. Etty ora en lo cotidiano, sin mediar un protocolo para buscar un monasterio o una capilla; ella ora en su habitación, se arrodilla sobre la alfombra de coco en un baño desordenado5.

Etty nunca se une a un grupo de oración en medio de una asamblea de creyentes; su oración adquiere un carácter privado, en el que más importante que el lugar es la posibilidad de encontrarse con aquel algo más que ella comprenderá como dios, adentrándose en una relación vital con él, entendiendo que se manifiesta en lo cotidiano, en el otro, en el mundo, en la naturaleza, en la muerte, en el silencio, en los días de celebración, en las decisiones.

De tal modo que, para encontrarse con su deidad, son variados los lugares; podría decirse que su dios se hace el encontradizo en medio de la realidad, incluso en medio del sufrimiento y la vulnerabilidad. La experiencia de oración de Etty va más allá de encerrar a dios en un lugar, como quien escucha un eco que golpea los muros y ciega la posibilidad de colaborar con dios y de no perder el centro hacia el cual se dirige su búsqueda.

Una postura corporal y un gesto
para el encuentro con la divinidad

El cuerpo también participa en la oración; Etty empieza a sentir cómo la postura adquiere sentido, escribiendo: «esta mañana, en el alba grisácea, en un arrebato de inquietud, me encontré de pronto en el suelo, de rodillas entre la cama de Han y la máquina de escribir, acurrucada, con la cabeza apoyada en el suelo. En un gesto como si quisiera forzar la paz6«, la corporalidad como un gesto de disposición y humildad de quien se abre al encuentro con dios.

El cuerpo posee su propio vocabulario; arrodillarse se comprende, dentro de esta reflexión, como un signo de humildad y saberse amada. De igual forma, al realizar una lectura del diario de Etty, se observan otras posturas y gestos, como es el caso del gesto de las manos, citado dentro de sus obras el 1 de Julio de 1942.

El cuerpo contribuye de esta forma a la búsqueda del encuentro con lo trascendente, considerando que cada postura es una manifestación del estado de ánimo en el que se encuentra el orante, llegando a poner en consideración que muchos hombres y mujeres, al igual que nuestra maestra de oración Etty Hillesum, oran en lo cotidiano, incluso sentados frente a sus escritorios; de igual forma, habrá quienes prefieren hacerlo mientras escriben o hacer algún tipo de desplazamiento, como lo puede ser llevar a cabo ejercicios físicos.

Otro gesto que se perfila es el de saberse guiado/da por la mano de dios, mostrándose obediente a cumplir su voluntad, perfilando una experiencia de oración significativa en la que, de la mano de Etty, se pueda decir:

Dios, tómame de la mano; me iré contigo sin resistirme mucho. Afrontaré todo lo que me depare esta vida, y lo asimilaré lo mejor que pueda7.

Tomarse de la mano de dios conlleva confianza para poder enfrentar las situaciones.

Este artículo se ofrece gratis gracias a la publicidad. Si prefieres leerlo sin anuncios, y al mismo tiempo apoyar nuestro proyecto filosófico, disfruta la experiencia premium.

Una oración sin protocolos,
con los ojos abiertos al mundo

La memoria del sufrimiento abre el sendero que, en el horizonte, vislumbra el paso hacia la solidaridad, a darse a los demás, hasta el punto de que el sufrimiento y el dolor de los otros se conviertan en el propio dolor: «en este mundo convulso, la comunicación directa entre dos personas solo se produce en el interior8«; la apertura al otro es manifestación de conversión y sinónimo de que dios está ahí, en medio de los vulnerables, de aquellos que sufren.

Ante el sufrimiento, Etty, renunciando a ser un yo solitario que se podía desentender de toda la situación, decide ser un nosotros, que se hace amor y esperanza para los hombres y mujeres que sufren, buscando que el amor y la misericordia de dios cobije a todos quienes viven tan precaria situación; aun en medio de la muerte y la desolación, Etty se propone ser un bálsamo para tantas heridas.

Aun cuando sus fuerzas se vieron disminuidas, se mostró solidaria; se sabía vulnerable, pero, aun así, quería ser una luz en medio de la oscuridad, una manifestación de dios en medio del horror.

En medio del sufrimiento de su pueblo, dios se hace presente; podría decirse que no es el hombre quien lo clama para que lo libere del sufrimiento, sino que es dios quien le pide al hombre que haga una experiencia de bondad y crea en él, de tal manera que Etty se deja tocar de forma definitiva por su voz interior, por aquello que la habita, la transforma, la ilumina y le permite ver el mundo con los ojos abiertos al mundo, a tal término de poder decir con Etty:

Hay una cosa que se me presenta cada vez con mayor claridad: no eres tú quien puede ayudarnos, sino nosotros quienes podemos ayudarte a ti y, al hacerlo, ayudarnos a nosotros mismos. Esto es todo lo que podemos salvar en esta época, y también lo único que cuenta: un poco de ti en nosotros, dios mío9.

Redefiniendo la relación que tradicionalmente se da entre lo humano y lo divino, sentido que permite postular que la oración, en relación con la inteligencia espiritual, en el caso de Etty Hillesum, no es una mera práctica pasiva, sino uno de los matices espirituales que iluminarán su núcleo interior.

Etty aprende que la oración se convierte en una forma de resistencia y fidelidad, así como una práctica sagrada para proteger aquello que habita su interior en medio de la deshumanización.

La experiencia de oración en Etty Hillesum conlleva un proceso de aprendizaje que implica volver al interior para encontrarse consigo mismo; de igual forma, en el silencio y la soledad, iniciar la búsqueda hacia el encuentro con dios, con una actitud de confianza y abandono en sus manos.

Orar desde la memoria del sufrimiento conlleva escuchar la voz interior, estando atento a lo que sucede alrededor, poniéndose al servicio de los otros, estando con los ojos abiertos al mundo, no encerrados en una especie de celda interior que aísla y no permite ser una luz y un bálsamo en medio del horror y el sufrimiento del mundo.

Orar con los ojos abiertos al mundo significa hacer memoria de los que sufren y son vulnerados; es reconocerse amando y ser capaz de, en lo cotidiano, ser manifestación del amor de dios; y, aun cuando el mundo demuestre que todo está perdido y que la oscuridad se ha apoderado de todo, se ha de ser luz y fuente de esperanza.

Puntos clave:

  • Orar con los ojos abiertos al mundo implica reconocer el sufrimiento ajeno y transformarlo en un compromiso con lo trascendente.
  • La experiencia de oración de Etty Hillesum destaca la importancia de encontrar tiempo en lo cotidiano para conectarse con Dios.
  • Etty demuestra que no se necesita un lugar específico para orar; lo importante es la intención y conexión con la realidad.
  • La oración se convierte en un acto de resistencia y solidaridad, promoviendo el amor y la esperanza en medio del sufrimiento.
  • Orar con los ojos abiertos al mundo permite actuar con empatía y ser una manifestación del amor divino en la cotidianidad.

Notas

[1] Smelik, A. D. (2020). Etty Hillesum: Obras completas. Grupo Editorial Fonte. Etty, 10 de octubre de 1942.p.960.

[2] Etty, 26 de agosto de 1941, martes por la tarde.

[3] Etty, 8 de junio de 1941.Domingo por la mañana, a las nueve y media.

[4] Etty, 25 de marzo de 1941, 9 horas de la noche. 121. 

[5] Etty, 22 de noviembre del 1941, p. 285.

[6] Etty, 22 de diciembre del 1941, 5 horas.p.373.

[7] Etty, 25 de noviembre del 1941, 9:30 horas.p.295.

[8] Etty, 11 de julio de 1942. p.851.

[9] Etty. 12 de julio, 1942.Oración del domingo por la mañana. p.855.

Bibliografía

Hillesum, E. (2007). Una vida conmocionada: Diario 1941-1943 (J. G. Gaarlandt, Ed.; N. Fernández Díaz, Trad.). Anthropos.

Frank Hortelano, E. (2006). Con Etty, en busca de la felicidad. Sal Terrae.

Martín Echagüe, A. (2020). Una vida transfigurada: El proceso espiritual de Etty Hillesum, 8 de marzo de 1941 – 7 de septiembre de 1943 (Tesina de licenciatura en Teología Espiritual). Universidad Pontificia Comillas.

Cita este artículo (APA): Padilla, Á. (2026, 11 de abril). Oración y sufrimiento en Etty Hillesum. Filosofía en la Red. Sitio web:  https://filosofiaenlared.com/2026/04/oracion-sufrimiento-etty-hillesum

¡Apóyanos a seguir llevando la filosofía a la red!

Suscríbete a Στοά, el newsletter gratuito de Filosofía en la Red: recibe noticias, novedades e información relacionada con nuestra plataforma: ¡nuestra comunidad supera los dos mil seguidores! Pero, si buscas un poco más —y deseas apoyarnos—, te ofrecemos una membresía de pago con planes anuales o mensuales. Tu aporte financiero nos permite mantener este proyecto sin paywalls.

Beneficios de la membresía:

• Filosofía en la Red Prémium: porque sabemos que la publicidad interrumpe la experiencia, tu suscripción VIP te abre las puertas a leer cada texto sin anuncios, con la calma y claridad que la filosofía merece.

• Cartas del editor: un rincón en el que Miguel Ángel, director de Filosofía en la Red, no escribe bajo su cargo, sino como alguien que también busca entender lo que le pasa. Aquí no hay artículos ni teorías: hay pausas. Fragmentos de pensamiento con piel, escritos para quienes saben que, a veces, filosofar también es sostenerse.

• Insider: entérate de nuestros nuevos proyectos antes que nadie, así como descubre el backstage de Filosofía en la Red.

• Club de Lectura: accede sin coste adicional a nuestro club de lectura, que tiene una cuota de recuperación.