La ciencia no es tan objetiva como te hicieron creer

¿Qué es un obstáculo epistemológico? Para Gaston Bachelard, un obstáculo epistemológico es una idea previa que impide conocer científicamente. No surge por falta de inteligencia, sino porque nuestras intuiciones, prejuicios o hábitos mentales bloquean una comprensión más abstracta y rigurosa.

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La ciencia es actualmente un coloso que camina con nosotros y despliega sus avances y desarrollos por el mundo, deslumbrando a enterados y extraños por su propia capacidad productiva, tanto de conocimiento como de tecnología. Sin embargo, la ciencia parece ser vista como algo separado de toda subjetividad humana, una actividad que queda atrapada en un grado de abstracción desconocido para las personas de a pie. Pero la labor científica no deja de ser una labor humana, cuestión que hace que su desarrollo se expanda o se detenga, que marca pautas para el desarrollo y que, dependiendo de las inclinaciones tanto subjetivas como materiales de los investigadores, da el camino de su propio desarrollo e invención.

Y aunque es cierto que el trabajo científico depende de un colectivo, el cual, ya en la labor propia de su ciencia, sí debe apartarse de su subjetividad para adentrarse en la lógica de su disciplina, también es cierto que el científico no es su ciencia; y esta es la parte humana de la que hablamos, ya que muchas veces no se entiende y se confunde lo que pueda decir o hacer el propio científico con la ciencia misma, que tiene un orden diferente. Sin embargo, la ciencia tampoco es un monolito estático, sino dinámico, expuesto a refutaciones, cambios y transformaciones constantes que hacen de ella un ente transformativo capaz de evolucionar.

Pero entender el progreso científico no es tan fácil como en primera instancia parecería, y la invención de nuevas formas de conocimiento tiene más que ver con una revolución mental de la forma de ver al objeto que con el descubrimiento de nuevos objetos de investigación. Para entender mejor este punto, me gustaría explicarlo de la mano de un filósofo encantador del siglo XX, Gastón Bachelard, un físico y filósofo francés que, a mi parecer, nos ofrece un gran análisis para la comprensión de la filosofía de la ciencia1.

Cuando nos acercamos a conocer cualquier cosa u objeto, no lo hacemos desde la total inocencia, sino que ya tenemos dentro de nosotros todo un cúmulo de ideas preconcebidas que puede hacer de la aprehensión de nuevo conocimiento un obstáculo. Los que se adentran en nuevas ciencias no son jarrones vacíos que deben ser llenados, sino que tienen el espíritu viejo, son tan viejos como sus prejuicios2. Es importante notar esto: uno nunca parte de la pura inocencia, sino que lo hace a partir de las preconcepciones que se nos dan conforme crecemos y vamos captando el espíritu de nuestra época.

La noción de obstáculo epistemológico3 de Bachelard explica bien este predicamento. A veces pareciera que es suficiente con que hablemos de un objeto para creernos objetivos, pero en realidad, en la primera experiencia con un objeto nuevo, hablamos de él siempre y solamente bajo nuestras propias consideraciones. No es la inocencia del primer día con la que miramos al objeto, sino el pesado costal de las presuposiciones que tenemos detrás, tanto desde un estadio precientífico, como podría ser cualquiera que no tenga experiencia científica, como desde una teoría científica que, repetida hasta el hartazgo, se vuelve sagrada escritura. Este, me parece, fue el predicamento en el que se vieron envueltos los físicos de principios del siglo XX al ver el despliegue de la teoría de la relatividad especial y general4.

La primera observación del objeto siempre es impura; es donde nuestros prejuicios se dan rienda suelta. El proceso científico lo que hace es depurar estas consideraciones iniciales, pero para esto hay que realizar una transformación radical en el modo de entendimiento, en la manera de captar lo sensible e interpretarlo.

Hay que comprender que el entendimiento no hace figuras idénticas del objeto que analiza, sino que lo reconfigura conceptualmente. Esto es igual a decir que lo que vemos en un inicio en el objeto no es lo que el científico después describe, y es por esto mismo que el objeto reconfigurado nunca es el mismo que el de la primera impresión, el objeto inmediato.

Esto es importante comprenderlo: cuando hacemos ciencia, no estamos describiendo al mundo tal cual lo captamos a primera vista, sino que realizamos una reconfiguración conceptual. Hay que ser conscientes del trabajo de la ciencia, no como un reflejo de lo sensible, sino como el entendimiento reconstruyendo la realidad desde la inteligibilidad. Pero no es un proceso lineal.

La ciencia no siempre fue “ciencia”, por decirlo así, y no es fácil captar cuándo empezó a serlo. Mucho se dice sobre las invenciones a lo largo de la historia, los descubrimientos, las matemáticas y la medicina; pero, por ejemplo, la distancia que hay entre el químico de hoy en día y el alquimista antiguo es mucho más inmensa de lo que uno pensaría. Su distancia no tiene que ver con las cosas que hacían ni con los objetos que analizaban, es decir, con lo práctico, sino con la propia comprensión de su actividad. A nivel mental, el químico tiene un pensamiento diferente sobre las sustancias con las que trabaja, que no empata para nada con la concepción del alquimista, aunque se trate, en muchos casos, de los mismos objetos de trabajo.

Es por esto que no hay que acusar al objeto por incomprensible, sino que es el pensamiento el que es incapaz de pensarlo. Me parece importante este punto, e interesante a nivel pedagógico, pues muchas veces tenemos la idea de que el primer acercamiento al objeto es el más puro y limpio, como si la primera mirada fuera sagrada. Sin embargo, como vemos, es todo lo contrario.

El primer obstáculo epistemológico es justamente esta primera observación. Quitarnos esa concepción de que la ciencia debe describir al mundo exactamente igual y al nivel de la simple experiencia sensible es fundamental. Pensar que la abstracción de la ciencia nos separa del mundo es un error, pero asumir que su trabajo es solo describir la experiencia sensible es un error aún mayor.

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Por eso no hay que dudar de la ciencia, cuanto más abstracta sea. Que se vea alejada del sentido común y de lo cotidiano no quiere decir que describa un mundo diferente. El entendimiento reconstruye conceptualmente todo aquello que se le presenta como problema, y nuestra posición ante este movimiento debe ser no perder de vista qué hace la ciencia y en qué niveles de abstracción se mueve, porque quedarse en la primera impresión impide ver su desarrollo.

Es por esto que, cuando uno entra a una ciencia, debe cambiar su estructura mental. Este es el problema de muchos profesores de ciencias: no se entiende que los alumnos ya tienen dentro de sí un sinfín de presuposiciones del mundo. La ciencia muchas veces es poco intuitiva, y por eso es difícil de enseñar, pues implica ir en contra de nuestras intuiciones básicas.

Por ejemplo, la primera ley de Newton, la ley de la inercia, nos dice que todo objeto se mantiene en movimiento o en reposo a menos que una fuerza externa actúe sobre él. Sin embargo, en la cotidianidad no vemos que una pelota siga moviéndose indefinidamente; eventualmente se detiene. A esto se refiere Bachelard cuando nos dice que no hay que confundir la intuición inmediata con el nivel abstracto de la ciencia.

Muchas de las dificultades para aprender ciencias provienen de no saber adentrarse en ese nivel de abstracción. No cambiar nuestra estructura mental representa un obstáculo epistemológico pedagógico. En términos sencillos, es no saber lo que se está haciendo aun cuando uno lo está “haciendo”.

Por ejemplo, los problemas de dinámica en física que se enseñan en la preparatoria muchas veces solo se repiten hasta que se “aprenden”, pero en realidad se memorizan fórmulas sin comprender su sentido. Esto no representa un verdadero conocimiento y nos aleja de lo que realmente es la ciencia.

Un buen profesor debe ser consciente de esto: para conocer, primero hay que transformar la estructura mental. Si un alumno formula una pregunta desde el error y el profesor solo repite la lección, no habrá comprensión. Hay que aprender a hacer preguntas, porque muchas veces una buena pregunta vale más que cualquier respuesta.

A mi parecer, este es el motivo por el cual a tantas personas nos cuesta aprobar estas materias y por lo que la ciencia se percibe como algo lejano, reservado para mentes “prodigiosas”. Sin embargo, más que ser un prodigio, es importante entender cómo conocemos y captamos el conocimiento desde su propia lógica interna. Eso es, finalmente, comprender.

Puntos clave:

  • Un obstáculo epistemológico es una idea previa que dificulta el conocimiento científico, según Gaston Bachelard.
  • La ciencia es una actividad humana que puede verse influenciada por prejuicios y preconcepciones, afectando su desarrollo.
  • Entender el progreso científico requiere una transformación mental, alejándose de intuiciones y conceptos erróneos.
  • La primera observación de un objeto no es pura y puede estar cargada de prejuicios, dificultando la comprensión científica.
  • El aprendizaje efectivo de la ciencia implica entender su lógica interna y no solo memorizar fórmulas.

Notas

[1] Bachelard, G. (s/f). Herdereditorial.com. Recuperado el 15 de enero de 2026, de https://encyclopaedia.herdereditorial.com/wiki/Autor:Bachelard,_Gaston

[2] Bachelard, G. (1993). La formación del espíritu científico. Siglo XXI; pág.16.

[3] Ibídem, pág. 19.

[4] Otero, L. (2006). Einstein y la revolución científica del siglo XX. Cuadernos de Historia Contemporánea, 27, 135-177. https://revistas.ucm.es/index.php/CHCO/article/view/CHCO0505110135A

Cita este artículo (APA): Ramírez, A. (2026, 6 de mayo). La ciencia no es tan objetiva como te hicieron creer. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2026/05/obstaculo-epistemologico-bachelard

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