¿Cómo afectan las redes sociales y la posverdad al pensamiento crítico? La aceleración tecnológica ha multiplicado el acceso a opiniones, pero también la presión por adoptar posturas inmediatas. En un entorno dominado por emociones, polarización y tolerancia difusa, distinguir entre reflexión propia y pensamiento colectivo resulta cada vez más difícil. El problema es más profundo de lo que parece.
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Gracias al momento histórico en el que vivimos, el ser humano se ha encontrado con distintos problemas en la vida política. Gran parte de estos problemas vienen desde la globalización, y se reflejan en el día a día. Cabe aclarar que no estoy proponiendo que la globalización solo nos brinde problemas y que sea incorrecta de implementar en la vida política. Sin embargo, sí creo que la interconectividad que hay entre todo el mundo tiende a hacer que las personas se dejen llevar por las masas, sin hacer una reflexión propia. Esto es posible por la aceleración tecnológica que hemos vivido. A mi parecer, como consecuencia de estos sucesos, la tolerancia ha tomado un papel sumamente importante en nuestra vida, ya que, en una realidad postmoderna donde la verdad es construida colectivamente e interpretada personalmente, es fácil caer en incertidumbres respecto a aquello que puede considerarse correcto o incorrecto.
Es decir, si toleramos todo —o casi todo—, ¿qué será aquello que podemos colectivamente acordar que es malo? Ahora bien, al querer dar respuesta a esto, en la actualidad se tiende a elegir ideologías políticas que podrían verse como utópicas que, si bien son necesarias para agitar el espíritu, al combinarse con la aceleración tecnológica, la globalización y la tolerancia, pueden contribuir al debilitamiento del pensamiento crítico. Para el desarrollo de este texto comenzaré explicando lo que es la aceleración, para después abordar los problemas que veo que van de su mano.
La aceleración tecnológica trata sobre la evolución hacia la rapidez que tenemos hoy en día en conseguir diferentes cosas: «la aceleración tecnológica puede ser definida en relación con los procesos intencionales y dirigidos a un objetivo (goal directed) de acelerar el transporte, la comunicación y la producción1”. Acelerar la comunicación nos permite enterarnos de manera inmediata de las cosas que suceden en diferentes partes del mundo, sin importar lo lejos o cerca que te encuentres del hecho, y esto a su vez lleva a la globalización, donde la interconectividad de los países es casi absoluta.
Un ejemplo de este fenómeno puede ser la cotidiana situación de encontrarse con un video en el cual una mujer de Asia Occidental usando un hiyab aparezca bailando una canción viral en redes sociales. Inmediatamente, este tipo de videos llega a diferentes regiones del mundo, dándole a la gente la “libertad” de dejar sus opiniones sobre la vida de la mujer en la sección de los comentarios. Un gran grupo de personas interpreta que ella está siendo obligada a usar esa prenda, y que al hacerlo las mujeres que practican esta religión terminan por oprimirse a sí mismas, mientras que otro grupo aplaudía que una mujer joven conservara la tradición de su país, puesto que las tradiciones se han ido perdiendo por falta de jóvenes que la practiquen. En esta situación podemos ver dos grandes consecuencias de la globalización.
La primera consecuencia es el etnocentrismo, en donde, en el caso expuesto anteriormente, sectores de Occidente juzgan como opresión el hecho de usar el hiyab, tomando como referencia lo que está “bien” dentro de su cultura, e ignorando por completo las tradiciones y los motivos que esta mujer pudo tener para portar esta prenda. Juzgando los países de residencia de estas mujeres como unas naciones con personas que necesitan ser rescatadas, cuando verdaderamente esta mujer no necesitaba ser ni rescatada ni liberada de nada.
La segunda consecuencia es esta presión en la que pareciera que tienes que pertenecer a uno de los grupos que están discutiendo. Se genera la percepción de que es necesario adoptar una postura definida sobre lo que está bien o mal según la moral de unos cuantos. Esto sucede ya que “a través de las nuevas tecnologías de la sociedad de la información […] se polariza la conexión entre las redes y el yo, y así se extiende por la geografía global ciertos valores modernos y específicos2”. Creo que, como consecuencia de esta polarización de puntos de vista y la presión que las redes sociales nos hacen sentir para pertenecer a la discusión de cualquier tema (aunque se trate de temas alejados de la experiencia inmediata de muchas personas), comenzaron a surgir muchas disputas, heridas e inconformidades, a lo cual se le dio respuesta con la tolerancia.
El concepto de tolerancia ha estado presente en la política desde hace siglos, inicialmente vinculado a la convivencia entre distintas prácticas religiosas, aunque su significado se ha transformado con el tiempo. En este trabajo me enfocaré en la manera en que este concepto se configura dentro de la posmodernidad. En el contexto de la aceleración tecnológica y la globalización previamente mencionadas, el acceso inmediato a múltiples perspectivas y opiniones se ha intensificado, independientemente de su nivel de sustento. Esto ha favorecido la aparición de posturas cada vez más polarizadas en el espacio público. A su vez, discursos centrados en la validación de las opiniones individuales han contribuido a que la tolerancia sea entendida, en ciertos casos, como una postura de neutralidad frente a distintas perspectivas sociales y políticas, particularmente en debates relacionados con la discriminación y la injusticia social.
Otro elemento relevante en esta discusión es el concepto de posverdad, ya que ha influido en la manera en que las personas interpretan y defienden determinadas posturas. En este contexto, la construcción de la verdad se encuentra fuertemente mediada por emociones, creencias personales y experiencias individuales. Esto favorece la aparición de narrativas colectivas basadas en percepciones subjetivas, lo cual complica la distinción entre aquello que puede considerarse verdadero y aquello que no. La Real Academia Española define la posverdad como “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”.
Ahora bien, el problema al que nos enfrentamos al tener verdades alteradas por emociones y perspectivas es que se tiende a interpretar distintos ámbitos de la vida desde perspectivas predominantemente subjetivas. Entonces, volviendo al ejemplo anterior, ¿cuál es el grupo de personas que está invadiendo a la mujer? ¿Cuál es el que deberíamos tolerar? La respuesta es que ambos invaden a la mujer del video en la misma medida, pero de distinta forma, y, sin embargo, pareciese que tenemos que aceptar ambos puntos de vista, ignorando el de la persona que está siendo afectada. En este contexto, una noción de tolerancia sin límites claros puede dificultar el análisis crítico de determinadas posturas.
De esta forma, al tener que tolerar todo, terminamos por invisibilizar contextos importantes que permitirían construir opiniones más críticas y fundamentadas. Como señala Arteta: “en todo caso, estamos ante una falsa tolerancia porque tiende a rebasar sus límites y a tolerar lo intolerable3”. Creando confusión y miedo en las personas que están buscando encontrar su propio criterio, ya que, si expresan su punto de vista, existe esta nueva tendencia de “cancelación”, en donde todo lo que se salga de esta lógica de aceptación es inaceptable. En estos tiempos, la gente se escandaliza más si argumentas en contra de una idea popular que si apoyas a cualquier discurso de odio.
Esto se convierte en un gran problema propio de la posmodernidad, pues la falta de pensamiento crítico, anudado a la presión a participar en debates mal formulados, puede llevar a la pérdida de referentes ideológicos, lo que nos arroja al quietismo, puesto que si no sabemos cuál es el porqué de las ideas que generamos, no encontramos ninguna vía para seguir nuestros proyectos, haciendo que difícilmente encontraremos ideologías políticas que nos hagan sentir comprometidos con la cosmovisión que estas llevan consigo.
Frente a esta sensación de desorientación política y debilitamiento del criterio individual, surge la pregunta sobre qué tipo de horizonte podría movilizar nuevamente la acción colectiva. Entonces, ¿cuál será la verdadera salida de todo este problema que se ha desarrollado con la posmodernidad? No hay una respuesta en concreto, pero una de las propuestas es usar la utopía como motivación a la acción. Para regresar el ánimo a las personas que se sienten varadas en este contexto. Que vean una vía de esperanza donde se crean capaces de fusionar su inteligencia y su vivencia propia. Pero ¿qué es la utopía, y por qué podría ser usada con este fin? Pues bien, “el carácter más definitorio y principal de una utopía consiste en la necesidad de ofrecer un modelo alternativo de sociedad frente a otra que se sostiene por la existencia de males sociales4”. Por lo cual este modelo es una posible respuesta, pues tiene el fin de mover emociones y experiencias personales para llevarlas a la acción.
Sin embargo, es importante señalar que la utopía constituye únicamente una posible respuesta frente a los problemas de inmovilidad y desorientación que pueden surgir en el contexto postmoderno, ya que este concepto también enfrenta diversas limitaciones. Debido a su uso constante dentro de los discursos políticos y sociales, la idea de utopía ha adquirido múltiples interpretaciones, lo que ha dificultado delimitar con claridad su significado. Además, la utopía suele remitir a modelos ideales de sociedad que, por definición, no existen plenamente en la realidad. Por ello, cualquier propuesta utópica que pretenda responder a las problemáticas contemporáneas tendría que ser capaz de adaptarse a las condiciones concretas del presente sin perder su dimensión crítica y transformadora. No obstante, esto representa una dificultad importante, pues implica construir horizontes de cambio social a partir de un concepto cuya definición continúa siendo abierta y en disputa.
En resumen, la pérdida del sujeto en la posmodernidad debido a la aceleración tecnológica y la tolerancia de todas las ideas plantea un desafío significativo. Si bien la ideología utópica puede parecer una posible solución para contrarrestar este problema, también presenta sus propias limitaciones.
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La ideología utópica se basa en la búsqueda de una verdad común y un ideal compartido que trascienda la posverdad y la fragmentación de la posmodernidad. Sin embargo, encontrar una verdad universalmente aceptada puede ser difícil en una sociedad pluralista y diversa. La multiplicidad de perspectivas y la resistencia a la imposición de un único discurso son elementos importantes de la democracia y la libertad de expresión.
En lugar de depender únicamente de la ideología utópica, es fundamental reconstruir espacios de reflexión crítica capaces de sostener el disenso sin eliminar la pluralidad que promueva el intercambio de ideas y la exploración de diferentes puntos de vista. Esto implica reconocer y respetar la diversidad de opiniones y perspectivas, sin perder de vista la importancia de un pensamiento crítico y una evaluación cuidadosa de la información.
Notas
[1] Harmut, R. “Aceleración social: consecuencias éticas y políticas de una sociedad de alta velocidad desincronizada”. Persona y Sociedad, 2011. P. 15
[2] Riutort, B. “Globalización y cambio de las categorías filosófico-políticas”. Universidad de las Islas Baleares. P. 135
[3] Arteta, A. La tolerancia como barbarie. Editorial Gedisa, Barcelona 1998. P. 2
[4] Suzzarini, A. “Una aproximación al concepto de utopía”. Revista semestral de filosofía práctica. 2010. P. 172
Cita este artículo (APA): Vallejo, N. (2026, 10 de junio). Cuando todos opinan, desaparece el pensamiento propio. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2026/06/desaparicion-pensamiento-propio
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