¿Por qué algunos críticos comparan el Mundial de fútbol con el antiguo pan y circo romano? Algunos análisis sostienen que los megaeventos deportivos pueden concentrar la atención pública en el entretenimiento mientras conflictos políticos, económicos o sociales pierden visibilidad temporal. La comparación no cuestiona el deporte en sí, sino el papel que puede desempeñar dentro de sistemas contemporáneos de poder, influencia y construcción de legitimidad.
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La reconfiguración geopolítica, geoeconómica, el geocontrol, el tecnofeudalismo, el cristoneofascismo, el intervencionismo político, la crisis de política, la violencia, las guerras fragmentadas, el capitalismo depredador, se prefiguran como pinceladas que empiezan a dar forma a la sociedad, a los países, a los seres humanos, pero ante este panorama, emerge dentro de la industria del entretenimiento un megaevento: el mundial de futbol de 2026.
Quizás el evento más grande de la historia: 48 selecciones, 104 partidos, tres países anfitriones, miles de millones de espectadores; lo que supone que durante un mes la atención de muchos estará puesta en cómo rueda la pelota, en el número de goles, pero es aquí donde irrumpen varias preguntas: ¿el mundial es solo fútbol?, ¿se puede amar el fútbol y cuestionar el mundial?, ¿el mundial detiene una guerra?, ¿es el mundial pan y circo para una realidad geopolítica, geoeconómica, tecnofeudal, sostenida por intereses imperialistas y capitalistas?
¿Qué sucede cuando un individuo o un grupo de individuos quieren hacerse con el poder y darles continuidad a sus ideas? Podría pensarse que la forma más práctica sería el control por medio de la presencia militar, la imposición de decisiones, asumiendo como principal consecuencia la resistencia por parte de quienes no estuviesen de acuerdo.
Pero si la percepción se cambia, y el centro ya no es el conflicto, y menos las situaciones estructurales, sino que la atención es puesta en otro punto, en un momento en el que la distracción deja de ser un elemento accesorio para convertirse en una herramienta, pensémoslo de esta forma: “cuando la atención se concentra en lo inmediato, lo demás pierde peso. Cuando pierde peso, deja de organizarse. Y cuando no se organiza, deja de ser una amenaza estructural”, lo que lleva a pensar que quien controla la atención colectiva tiene en sus manos una gran capacidad de influir y manipular por sustitución.
Veamos, para el Imperio Romano, el pan y circo se convierte en la posibilidad de ofrecer alimento y espectáculo, para mantener dispersa la atención de la población y así disminuir su interés por los asuntos de la realidad política, económica, social, pero ¿qué sucede si lo traemos al ahora, al 2026? Si bien ya no existen gladiadores, y todo cuanto consumimos, en especial los alimentos, cada vez aumenta más en su precio, tenemos en el siglo XXI un evento global, el mundial de futbol, enmarcado dentro de la dinámica del mercado capitalista.
Ahora, si lo vemos desde una perspectiva crítica, bien vale preguntarse: durante el período de tiempo que dura este megaevento, ¿podría considerarse que la atención pública se concentra netamente en los resultados deportivos, mientras otros temas de enorme relevancia quedan temporalmente relegados: conflictos internacionales, crisis económicas, problemas ambientales, desigualdades sociales, debates políticos fundamentales?
Geodoble moral del orden internacional
El mundo deja de mirar lo importante, mientras una pelota manchada rueda en la cancha, y la doble moral geopolítica2 toca a la puerta. De inmediato tiende su mano el presidente de la FIFA3, Gianni Infantino4, quien lidera una institución que no solo administra el deporte, sino que extiende sus tentáculos hacia la gobernanza global del entretenimiento y el deporte, con la capacidad suficiente para influenciar la toma de decisiones en los ámbitos político, cultural, geopolítico, geoeconómico.
Pero, ¿por qué la figura de este líder resulta cuestionable? Por una sencilla frase “relájense5” como respuesta ante los cuestionamientos realizados frente a los hechos ocurridos en torno a la participación de la selección de futbol de Irán, la designación de un árbitro somalí y las críticas sobre el control del Mundial. Esta expresión encierra dos vertientes: la primera podría entenderse desde la perspectiva de «confíen en la FIFA, todo está organizado, controlado, el fútbol y esta institución promueven valores, como el respeto, la inclusión, la igualdad«, pero quizás si se moviera un poco el velo del palco desde donde quizás este honorable líder tendrá la oportunidad de ver cada partido del mundial, se divisaría una contradicción: él evita pronunciarse de forma contundente sobre la situación política, económica, social de las tres naciones que acogen esta «fiesta futbolera».
¿Acaso el presidente de la FIFA busca ser neutral?, ¿o simplemente hace opción por aplicar los principios éticos de forma selectiva? Mucho más si se trata de enaltecer la figura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresando frases tales como:
Tengo una gran relación con el presidente Trump […] Estoy muy contento de ello […] Sin su implicación y su participación, creo que habría sido imposible organizar un Mundial en Estados Unidos6.
Y la contradicción parece persistir: se presume la existencia de una organización neutral, pero el desarrollo exitoso de un megaevento como el Mundial depende, en buena medida, de la calidad de la relación que se mantenga con determinados líderes políticos. Esto deja en evidencia que la doble moral geopolítica se sienta cómodamente en el palco, comparte una bebida azucarada y brinda con su viejo aliado: los intereses estratégicos7.
Así, se nos repite que el fútbol une al mundo y que está por encima de la política, aunque quizás esto solo sea cierto en un discurso cuidadosamente adornado con estratagemas retóricas, auspiciadas por los nuevos señores tecnofeudales8. Mientras tanto, la masa empobrecida9, convertida en una multitud de siervos digitales, observa, consume y contempla, alienada por las dinámicas del colonialismo tecnológico.
¿Cómo puede decirse que el fútbol une al mundo cuando el balón rueda sobre el césped mientras la guerra, el hambre y los intereses estratégicos siguen trazando la geografía de la muerte? Mientras se celebra la fiesta global del deporte, los empobrecidos continúan pagando el costo de un orden internacional sostenido por la explotación de las llamadas tierras raras, las disputas geopolíticas y la injerencia de potencias como Estados Unidos en los asuntos internos de otras naciones.
La imagen de un mundo unido bajo una misma pasión resulta seductora, pero quizás también profundamente engañosa. Porque detrás de cada ceremonia, de cada himno y de cada espectáculo cuidadosamente diseñado, persisten las mismas relaciones de poder que fragmentan al mundo que, por noventa minutos, se nos invita a imaginar reconciliado.
En este punto se hace necesario analizar la siguiente ecuación, que al final despejaremos por medio de sencilla acción por sustitución:
Si la atención es puesta principalmente en lo inmediato – en la inauguración, en el primer partido, en el próximo gol, en la próxima clasificación – los problemas que se dibujan en la realidad pierden visibilidad, es entonces cuando aparece el primer atisbo de un mecanismo simple la sustitución, dejando en claro que si la realidad resulta incómoda no es necesario ocultarla, entonces resulta conveniente desplazarla, debido a que, si no es visible, no habrá oportunidad de movilizarse, y si llegado el caso se diera algún tipo de manifestación por parte de los empobrecido y los siervos digitales, ya no hará falta la obligarlo a obedecer, o convencerlo por convicción, solo bastara con sugerirle que siga mirando.
Llegados a este punto, es necesario aclarar que el problema no radica en el espectáculo ni en lo que representa el Mundial como evento deportivo. Lo verdaderamente relevante es observar cómo opera el sistema contemporáneo de poder. Como se ha señalado: “el sistema no bloquea ideas, reduce el espacio en el que podrían aparecer; no impone silencio: lo hace innecesario; no elimina la disidencia, la diluye en ruido10”.
En este sentido, el sistema ya no necesita prohibir el pensamiento crítico ni censurar abiertamente la reflexión. Le basta con recurrir, una vez más, al mecanismo de la sustitución: cada espacio público, cada instante de atención y cada esfera de la vida cotidiana son progresivamente ocupados por entretenimiento, publicidad, tendencias virales impulsadas por influencers y noticias efímeras. Así, la crítica no desaparece; simplemente queda relegada a los márgenes de una realidad saturada de estímulos que compiten permanentemente por nuestra atención.
No es casualidad que los empobrecidos y los siervos digitales, al recorrer las construcciones tecnológicas de los señores tecnofeudales mediante el incesante scroll infinito, se encuentren expuestos a una sucesión interminable de contenidos fragmentados. Basta un ejemplo: una publicación sobre una tendencia en auge como el running; otra con una receta de cocina; una más acerca del Mundial y de cómo diversos artistas engalanaron el espectáculo inaugural; una noticia sobre el conflicto entre el imperio intervencionista de Estados Unidos e Irán; dos publicaciones sobre un viaje a una isla paradisíaca; y, poco después, un nuevo video con los goles y las mejores jugadas del Mundial de 2026.
La pregunta es inevitable: ¿cuál de todos esos contenidos permanece en la retina?, ¿cuál sigue resonando cuando la pantalla se apaga? Quizá ahí radique el verdadero problema. La atención salta de un estímulo a otro sin detenerse en ninguno; todo parece importante durante unos segundos y, sin embargo, casi nada deja huella. Mientras la conciencia permanece cautiva de lo inmediato, de lo urgente y de lo efímero, el tiempo necesario para la reflexión desaparece. Y cuando la reflexión desaparece, también se debilita la posibilidad de comprender críticamente el mundo que habitamos.
El mundial
como aplanadora de la memoria
No se trata de una idea contemporánea. Hagamos un breve recorrido por una línea de tiempo mundialista. Solo por mencionar algunos acontecimientos —pues no se pretende llevar a cabo un análisis histórico ni una explicación sobre la evolución de la guerra, sino simplemente un ejercicio de memoria—: Brasil, 1950, mientras la guerra de Corea comenzaba a gestarse y Estados Unidos se involucraba en el conflicto; México, 1970, los ojos del mundo estaban puestos en el mejor futbolista de la época, el brasileño Pelé, mientras Estados Unidos bombardeaba Camboya; España, 1982, al mismo tiempo que Líbano era invadido y se producían las masacres de Sabra y Shatila; Corea y Japón, 2002, cuando el flagelo de la guerra golpeaba las puertas de Afganistán; Alemania, 2006, mientras Líbano vivía una guerra de 33 días; Brasil, 2014, en medio de los bombardeos sobre Gaza; y finalmente 2026, con Estados Unidos, México y Canadá como anfitriones, bajo el signo de la doble moral geopolítica.
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Es evidente: el fútbol relaja. Ya lo dijo el presidente de la FIFA. Y relaja aún más cuando el torneo es organizado por tres naciones que proyectan una imagen de estabilidad, prosperidad y bienestar. Por un lado, Estados Unidos, principal anfitrión del certamen, gobernado por quizá el único ser humano al que, después de una rabieta propia de un niño rico, una líder política decide entregar una medalla vinculada al Premio Nobel de la Paz, supuestamente en nombre de la paz, la libertad y la democracia en Venezuela. Y, como si esto no fuera suficiente, entre sonrisas, apretones de manos y palmadas en la espalda, el presidente de la FIFA le entrega un reconocimiento especial por sus acciones extraordinarias en favor de la paz y la unidad global al ilustrísimo señor presidente Donald Trump.
Se trata de un acto de pan y circo, de una expresión sofisticada de la doble moral geopolítica. Y es precisamente aquí donde entra en funcionamiento el mecanismo de sustitución. La política migratoria agresiva es cuidadosamente empaquetada y guardada; las denuncias por abusos atribuidos al denominado ICE (Immigration and Customs Enforcement) son colocadas en una caja; la política de intervención y el respaldo a movimientos de ultraderecha en América Latina quedan relegados detrás de una puerta. Mientras tanto, la gran nación de la libertad y la democracia se maquilla, se engalana y da la bienvenida al Mundial de 2026.
Los empobrecidos y los siervos digitales olvidan por un momento el hambre, el elevado costo de las entradas a los estadios y, en ocasiones, hasta su propia condición de migrantes. Cantan los goles, celebran las victorias y participan de la fiesta. ¿Qué más da? Son apenas 39 días durante los cuales pensar deja de ser un esfuerzo que merezca desgaste alguno. El estímulo constante está ahí, frente a los ojos, ocupando cada instante de atención y desplazando cualquier posibilidad de reflexión crítica.
Por otra parte, Canadá, uno de los países coanfitriones, también mantiene un amplio paréntesis de asuntos pendientes. Detrás de su imagen internacional de estabilidad y prosperidad persisten desafíos significativos: el acceso a la vivienda, el incremento constante del costo de vida, las demandas históricas de las comunidades indígenas en materia de verdad, justicia y reparación, así como la revisión de acuerdos económicos como el T-MEC11.
Por su parte, México, el segundo coanfitrión, desplaza los reflectores lejos de una realidad incómoda. La casa permanece desordenada, pero la puerta se mantiene cerrada con un cerrojo de múltiples llaves: desapariciones, violencia, corrupción, impunidad y, como mecanismo de seguridad aún más robusto, la presencia del crimen organizado. Son problemas estructurales que continúan marcando la vida cotidiana de millones de personas, aunque durante el espectáculo deportivo parezcan quedar temporalmente fuera del campo visual.
Pero nada de esto importa cuando llega la hora del espectáculo. Una vez más, el mecanismo se pone en marcha: la sustitución. El pan aumenta de precio, pero el circo abre sus puertas al mundo. En el palco se encuentra sentado el señor “relájense” (Infantino); a su lado, el hombre que, según la narrativa oficial, más ha contribuido a la paz mundial: Donald Trump, distinguido tanto por una rabieta convertida en reconocimiento diplomático como por su cercanía con el señor “relájense”. Junto a ellos permanecen los intereses estratégicos y los señores tecnofeudales, disfrutando cómodamente de una bebida azucarada —preferentemente Coca-Cola o Pepsi—, mientras contemplan el espectáculo desde los mejores asientos.
Entretanto, el resto del mundo observa desde las gradas, pagando sumas exorbitantes por formar parte de la fiesta global. Y aquí surge una pregunta inevitable: ¿no constituye esto una forma de exclusión económica?, ¿estamos realmente ante una competencia deportiva que promueve la convivencia entre los pueblos o frente a una sofisticada exhibición de poder político, económico y simbólico? Quizá la verdadera disputa no se juegue sobre el césped, sino en la capacidad de distinguir entre el deporte como celebración colectiva y el espectáculo como instrumento de legitimación.
El sportwashing,
un resultado de la manipulación por sustitución
El principio romano del pan y circo parece encontrar eco en la superpotencia hegemónica que representa Estados Unidos. Una vez más, el mecanismo de sustitución entra en funcionamiento y el deporte se convierte en una estrategia para mejorar la reputación internacional de un Estado mediante lo que hoy se conoce como sportswashing. Minky Worden, de Human Rights Watch, define esta práctica como el uso de un evento deportivo popular para atraer aficionados y generar una cobertura mediática positiva que puede servir para encubrir graves violaciones de los derechos humanos12.
Desde esta perspectiva, podría sugerirse que los seres humanos contemporáneos viven una paradoja singular: pueden verlo todo, pero comprenden cada vez menos. Nunca antes hubo tanto acceso a la información, y sin embargo, la capacidad de relacionar los hechos, analizarlos críticamente y comprender sus implicaciones parece diluirse en el flujo constante de estímulos.
Entonces surge una pregunta incómoda: ¿la superpotencia hegemónica necesita de la FIFA para consolidar el lavado y blanqueamiento de su imagen? ¿O resulta más cómodo observar, juzgar en silencio y consumir el espectáculo, participando involuntariamente en un acto de legitimación? Quizá el sportswashing no sea más que una actualización contemporánea del viejo principio romano del pan y circo.
A continuación, un breve análisis de esta afirmación:
Medio utilizado: el pan y circo romano recurría a la distribución de alimentos y a los espectáculos públicos para mantener la estabilidad social. Por su parte, el sportswashing utiliza la organización de megaeventos deportivos como vitrinas globales. En ambos casos, el entretenimiento opera como un mecanismo de sustitución13, desplazando del centro de la conversación pública los debates políticos, migratorios, sociales y económicos. El mensaje implícito es simple: aquí no pasa nada; somos una nación abierta al mundo, moderna y ejemplar.
Espectáculo principal: en Roma eran los gladiadores. En 2026 es el Mundial de fútbol. Ambos espectáculos presentan grupos de hombres enfrentándose por alcanzar la victoria. Ambos movilizan emociones intensas, generan identificación colectiva y producen una fascinación capaz de eclipsar temporalmente otras preocupaciones sociales. El espectáculo no elimina los problemas; simplemente los desplaza de la atención inmediata.
Actor que promueve la estrategia: en Roma eran el emperador y las élites imperiales. En 2026 aparecen figuras como Donald Trump, la dirigencia de la FIFA y las grandes corporaciones transnacionales. El paralelismo pone de manifiesto que el poder político, económico y mediático puede articularse para construir narrativas de legitimidad cuando dispone de los recursos suficientes y de una audiencia dispuesta a consumirlas.
Objetivo: el propósito sigue siendo esencialmente el mismo: mantener el orden, reducir la conflictividad, fortalecer liderazgos políticos y proyectar una imagen de estabilidad. Todo parece funcionar con normalidad; los problemas existen, pero siempre parecen ocurrir en otro lugar, nunca en el centro mismo del espectáculo.
Resultado esperado: la consecuencia buscada es la promoción de una imagen de orden, fortaleza y consenso. Se procura evitar que el público se organice, cuestione, delibere o ejerza un juicio crítico sobre las estructuras que condicionan su realidad. No se trata de impedir el pensamiento, sino de mantenerlo ocupado en otra parte.
Mismo mecanismo, mismo objetivo, distintos actores. Quizá también distintos siervos. Sin embargo, la pregunta permanece abierta: ¿están las sociedades contemporáneas recuperando formas de control propias del pasado? ¿No se supone que el progreso consiste en mirar hacia el horizonte, hacia la tecnología y la inteligencia artificial como promesas de futuro? Tal vez la verdadera paradoja de nuestro tiempo sea que avanzamos tecnológicamente a una velocidad sin precedentes, mientras reciclamos, con nuevas herramientas y nuevos discursos, mecanismos de dominación tan antiguos como la propia historia.
Imagen | The Guardian [fotografía utilizada bajo fair use con fines ilustrativos; los titulares del copyrigth son: Jonathan Ernst/Reuters].
Notas
[1] Cross, M. (2026). Pan y circo: Manipulación a través del entretenimiento.
[2] Geodoble moral: doble moral geopolítica, aforismo que hace referencia a la aplicación desigual de principios éticos, jurídicos o gubernamentales según los intereses de los Estados o de los representantes internacionales.
[3] La FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) es la máxima autoridad del fútbol mundial. Fue fundada el 21 de mayo de 1904 en París y actualmente tiene su sede en Zúrich, Suiza.
[4] Giovanni Vincenzo Infantino. Secretario de la UEFA, presidente de la FIFA, presidente de la organización internacional en 2016, reelegido en 2019, 2023.
[5] Expresión usada por el presidente de la FIFA Infantino en una rueda de prensa en el Estadio Azteca en la víspera del partido inaugural del jueves entre México y Sudáfrica. Johnson, D. (2026, 11 de junio). «Relájense»: las polémicas respuestas de Infantino sobre Irán, el árbitro somalí y si perdió el control del Mundial. BBC News Mundo. Sitio web: https://www.bbc.com/mundo/articles/ce8jxdm3yy6o
[6] Ibídem.
[7] Intereses estratégicos: objetivos políticos, económicos, diplomáticos o de seguridad que un Estado, una organización o una empresa considera fundamentales para proteger o fortalecer su posición e influencia diplomática.
[8] El tecnofeudalismo es una teoría que expone un sistema postcapitalista dividido como la sociedad feudal de la Edad Media. El economista y exministro griego Yanis Varoufakis sostiene que el nacimiento de la tecnología en la nube ha modificado el sistema capitalista y el mercado tal y como lo conocíamos.
[9] Empobrecido, empobrecida indica que la condición fue causada por agentes externos (políticas económicas, distribución desigual de la riqueza)
[10] Cross, M. (2026). Pan y circo: Manipulación a través del entretenimiento; pág. 8.
[11] Vega, E. (2026, 11 de mayo). México-EU-Canadá: Así luce la ‘cancha’ política y social a un mes del Mundial 2026. Nación321. Sitio web: https://www.nacion321.com/internacional/2026/05/11/mexico-eu-canada-asi-luce-la-cancha-politica-y-social-a-un-mes-del-mundial-2026/
[12] MacInnes, P., & Ames, N. (2026, 27 de abril). World Cup will be ‘bonanza of sportswashing’ under Trump, say human rights groups. The Guardian. Sitio web: https://www.theguardian.com/football/2026/apr/27/world-cup-bonanza-of-sportswashing-donald-trump-ice-human-rights
[13] Manipulación por sustitución: estrategia política que busca desplazar la atención pública que se encuentra fija sobre un tema problemático hacia otro foco de interés, de tal manera que se reduce al máximo la posibilidad del debate crítico sobre tal situación. Ejemplo, tema problemático: crisis migratoria, violaciones a los derechos humanos; tema sustitutivo: ceremonia de inauguración del mundial 2026, primer partido, jugadores de élite; obteniendo como resultado que toda la cobertura por parte de los señores tecnofeudales, las conversaciones giraran en torno al espectáculo deportivo, desviando la atención de la realidad que acontece en el cotidiano y la experiencia más cercana.
Cita este artículo (APA): Padilla, Á. (2026, 16 de junio). El Mundial y el arte de olvidar el mundo. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2026/06/mundial-pan-circo-moderno
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