Aceptar el absurdo, como planteó Camus, no conduce a la desesperanza: libera, invita a la rebelión y abre la puerta a una vida más auténtica.
Aceptar el absurdo, como planteó Camus, no conduce a la desesperanza: libera, invita a la rebelión y abre la puerta a una vida más auténtica.