La precariedad de la naturaleza y lo uno en los griegos

Cuando solemos hablar de los filósofos griegos, muy específicamente de los llamados «presocráticos», una de las primeras cosas que nos vienen a la mente es la cosmología, es decir, el estudio del κόσμος (kósmos). Y, comúnmente, el profano de la filosofía suele pensar al (filósofo) griego como un hombre pensante, con vistas al cielo, contemplando el universo en cuanto cosmos1. Claramente, esto no está alejado de la realidad, pero (como suele suceder), no suele tener un conocimiento demasiado «profundo», o cuanto menos aproximado, de por qué los griegos fueron cosmólogos.

¿Qué es, pues, aquello que hace de un griego un cosmólogo? Es, básica y fundamentalmente, el carácter científico de su investigación. En efecto, lo que hicieron los filósofos griegos fue dejar de «contar relatos»2, tal como lo hacían los poetas y los antiguos al hablar del cosmos, a través de mitos épicos en torno a dioses nacientes que transforman al cosmos en cuanto tal. Este «dejar de contar relatos» surgió de la curiosidad (natural) de estos hombres por conocer la naturaleza en sí misma, lo que los llevó ─pero no instantáneamente ─ a abandonar las explicaciones religioso-míticas de la religión griega.

Sin meterme demasiado en el famoso paso del mythos al lógos, lo que naturalmente estudiaron los griegos, en tanto que es lo primero que se aparece a todo ser humano, era la misma naturaleza: ὁ φύσις. La concepción que poseían de la naturaleza no concuerda con la concepción moderna del científico, pues cuando un griego pregunta por la naturaleza, pregunta por el qué de las cosas; el científico pregunta por qué clases de cosas hay. Así, el griego pregunta por la misma constitución de las cosas, mas no por la suma total de las cosas. Y como estamos preguntando por la physis, por el qué de las cosas, hemos de remitirnos al ἀρχή (arjé): aquello en virtud por el que estas cosas son estas cosas.

De esta manera, los antiguos griegos buscaron el principio de la naturaleza misma, pasando de científicos a filósofos. Y lo que hace de un filósofo tal, es buscar lo universal en contraposición de lo particular (sin desdeñar la parte, claro), pues por ello es por el cual satisface su investigación. Lo que hace, pues, al cosmos ser tal, es la misma physis, y es lo que unifica todo en todo, siendo el arjé lo fundamental de la realidad, por el cual la physis es, y todos sus componentes son, tal3.

Llegamos, ahora, a buscar lo uno en lo múltiple. Se ha dicho, con razón a mi parecer, que el problema más profundo de la filosofía griega es el problema de lo uno y de lo múltiple. Cuando la naturaleza se vuelve una incógnita para el griego, cuando cobra esta una novedad a sus ojos, surgen estas preguntas:

¿Podemos reducir la aparente confusión del mundo a algún principio simple y unitario del que proceden las demás cosas? Y si es así, ¿de qué está hecho, en último término, el mundo? Y por último, ¿cómo cambió esa unidad originaria para dar lugar a la multiplicidad actual, y cómo está organizada ésta?

Bernabé, 2013, p.27

Dado que los griegos buscaron por el qué de las cosas, no podían tampoco evadir la explicación de cómo se pasó de lo uno a lo múltiple. Lo uno parece ser radicalmente distinto de lo múltiple, en tanto que los filósofos pensaron en lo uno como una sustancia material (agua, aire, fuego, etc.). Las diversas clases de entidades naturales que existen son diferentes entre sí, entonces, ¿cómo se podía reducir todas a una misma cosa?

En algunas ocasiones, los primeros filósofos griegos no respondían directamente a la pregunta por el cambio, ya que era natural concebir el movimiento como dado. Pero, sin duda alguna, lo que ellos notaban (como también lo hacemos nosotros, pero implícitamente) era la permanencia en el ser de cada cosa, muy a pesar del incesante cambio, generación y corrupción, que parece ser una nada. Lo que toca saber, ahora, es conocer qué es lo verdaderamente real, aquello por el cual permanecen y son lo que son, lo que hemos denominado arjé. Y esta es la precariedad de la naturaleza: los entes naturales son y cesan, van y pasan.

Es, como me gustaría llamarlo, la melancolía de Platón: el ser está disfrazado, oculto, encriptado, en la naturaleza, y nunca se hace presente con total expresión, siendo lo único aparentemente real, el no-ser.

Ya ni mencionemos el pesimismo que irradia esta melancolía del cambio. Así lo ha expresado Mimnermo de Colofón cuando dice que «…un tiempo breve, como un sueño, la juventud apreciada. Luego, amarga y deforme, la vejez sobre nuestra cabeza está pendiente…» (García Gual, 1980, p.37).

La realidad se nos aparece como indigente respecto al fundamento, y de ahí de la necesidad de una justificación de lo sensible por el fundamento invariable. El cosmos, por muy paradójico que suene, está necesitado de un fundamento por el cual sea un κόσμος, y no meramente una pura precariedad, ya que sería nada. Existe, pues, una dualidad en el cosmos: la precariedad y la permanencia.

Parménides de Elea comparte la misma convicción que sus predecesores: la unidad de todo lo real en una misma cosa. Lo único que lo diferencia a él de forma radical, es esta actitud filosófica anteriormente dicha: que la misma precariedad del cosmos no nos dice nada de lo real. Así, cuando él busca el principio de lo real, busca la unidad (como ya lo hicieron sus predecesores), pero también busca una unidad de los contenidos inteligibles de la mente, «la posibilidad de abarcarlo unitariamente [todo]» (Murillo, 2000, p.2019).

La llegada de Parménides a su noción de ente/ser se da por la convicción subyacente de que es el pensar lo que accede a la realidad, a su unidad oculta. Como el suponer puede abarcar la realidad de modo unitario, y como también es lo único que puede abarcarla de tal forma, el creer nunca está al margen del ser, y viceversa. Si el reflexionar no pudiera abarcar lo real, no habría un conocimiento de la realidad.

Ahora bien, esta exigencia de la unidad es necesaria, pues es gracias a la unidad que cierta cosa sea de esta manera, invariable; la unidad es la permanencia. En contraposición está la multiplicidad, lo «más de uno» o lo «no-uno», que se identifica con el cambio, a lo no- invariable. Lo ente es lo uno en tanto que es lo primero que el pensar capta, lo que satisface a esta posibilidad de abarcarlo unitariamente, y es el pensar lo único que tiene directa relación con el ser, con el fundamento.

Parménides está yendo en contra de sus predecesores, los jonios, en cuanto a que el carácter de lo real no se encuentra en el agua, aire, fuego, etc., mediante transformaciones de estos, sino a la radical unidad del ente. Cualquier otra determinación en el pensamiento, que no sea y responda a esta unidad, representa una incompatibilidad misma en el pensar. Por lo que él pasa a rechazar lo que denomina δόξα, la «opinión de los mortales», ya que, en rigor, no pueden responder a esta unidad sin presionarla a rechazarse a sí mismo, esto es, perder su unidad, que es necesaria para el opinar. La unidad «no está» en ellos, por así decirlo, en cuanto a que son cambiantes aquellos objetos de la doxa.

Como no pueden responder a esta unidad, se sigue que no pueden ser pensados. Lo que no se puede pensar, no es real. Luego, el ente es lo único real en tanto que es estático y uno. En última instancia, el pensar es lo mismo que el ente.

Estas trágicas y fascinantes consecuencias llevaron a la primera filosofía griega a una aporía: esta precariedad de la naturaleza es irreal, lo «verdaderamente real» (ὄντος ὄν) es el ente/ser (τὸ ἐόν). Tal y como dice Étienne Gilson: «Ya en el siglo V a.C., Parménides condujo la metafísica, esto es, nuestra ciencia humana de la naturaleza del ser hasta uno de sus últimos límites, y … el mismo Platón no pudo jamás salir de este callejón metafísico sin salida» (Gilson, 2010, p.27).

La filosofía posterior buscaría la manera de salir de las consecuencias parmenídeas, con el afán de salvar el «mundo de las apariencias», desde los pluralistas hasta los dos grandes, Platón y Aristóteles. Uno con dar razón de la pluralidad noética del pensamiento, y otro con salvar el movimiento/cambio. La sombra de Parménides, en fin, no dejaría de estar presente en toda la filosofía griega; y el problema de lo uno y de lo múltiple, que toca el tejido más profundo de la filosofía, sería el problema per excellence de los griegos.

Notas

[1]. Al hablar de «cosmos», se hará referencia con tal término a un «conjunto ordenado», un «orden». Cf. Dicciogriego. (s.f). Κόσμος. https://www.dicciogriego.es/index.php#lemas?lema=593&n=593.

[2]. “…The real advance made by the scientific men of Miletos was that they left off telling tales” (Burnet, 1908, p.10).

[3]. Aunque ambos conceptos son referidos a la misma cosa, a saber, el qué de la cosa.

Bibliografía

Burnet, J. (1908). Early Greek Philosophy (Segunda ed.). Londres, Inglaterra: Adam and Charles Black. Obtenido de https://archive.org/details/burnetgreek00burnrich/mode/2up

Bernabé, A. (2013). Fragmentos presocráticos: de Tales a Demócrito (Cuarta ed.). Madrid, España: Alianza Editorial.

García Gual, C. (1980). Antología de la poesía lírica griega. Madrid: Alianza Editorial.

Collingwood, R. G. (2019). Idea de la naturaleza (Tercera ed.). (E. Í. Echeverría, Trad.) México: Fondo de cultura económica.

Murillo, J. I. (2000). La unidad del ente ¿Logra Plotino superar a Parménides? Anuario Filosófico(33), 217-227. Disponible en: https://dadun.unav.edu/handle/10171/3344

Gilson, É. (2010). El ser y los filósofos (Quinta ed.). (S. F. Burillo, Trad.) Navarra, España: Ediciones Universidad de Navarra, S.A.

Artículo de:

Emmanuel Arce (autor invitado):
Estudiante de Ingeniería en Desarrollo de Software en la Universidad Autónoma de Baja California Sur, México. Autodidacta en filosofía.

Síguelo en: instagram, twitter

Imagen | Pixabay

#aristóteles, #filosofía clásica, #Filosofía griega, #griegos, #Historia de la filosofía, #Parménides, #platón

por autores invitados

¿Te gustaría escribir para nosotros? Puedes hacerlo enviando textos de forma esporádica o unirte a nuestro equipo permanente de autores. Para más información, envíanos un mail: contacto[at]filosofiaenlared.com

error: Content is protected !!