La evolución de las especies a lo largo de la historia ha favorecido que las condiciones de desarrollo de las crías sean muy diferentes las unas de las otras. Algunas especies se han decantado por opciones en los que la descendencia es totalmente independiente de los progenitores, incluso antes del propio nacimiento. Sin embargo, otras han encontrado más sostenible que las crías nazcan prematuras.

Este segundo caso es el que ocurre en los mamíferos. Las hembras deben gestar en su vientre durante meses a su descendencia y después, en muchos casos con la ayuda del padre, asegurar su supervivencia, dotándola de recursos de todo tipo para que su desarrollo hasta la vida adulta sea óptimo. Aunque esto aumenta exponencialmente las probabilidades de supervivencia de las crías y favorece que la especie no se extinga fácilmente, también tiene sus desventajas. La prole es totalmente dependiente de sus progenitores y si a estos les ocurre un fatídico accidente o deciden voluntariamente no realizar los cuidados que requieren, esta morirá. Es de suponer que entre estos cuidados se encuentran la alimentación y la protección ante amenazas, pero también hay otra cuestión clave que determina, en gran parte, que los animales se relacionen con los otros de su misma especie: el apego.

Teoría del Apego

El apego, según el psicólogo británico John Bowlby1,2, se puede categorizar como la tendencia de un animal, incluido el ser humano, a realizar conductas que pretenden buscar la proximidad y el contacto físico con sus cuidadores principales. Esto se ha comprobado en numerosas investigaciones3,4,5: una de ellas, el experimento de Harlow6,7, pone de manifiesto que los bebés de chimpancé preferían, ante un muñeco de hierro que les alimentaba o un muñeco de felpa que les proporcionaba calor y sensación de seguridad, la segunda figura. Tiene lógica que esto exista en el reino animal, pues si la cría presenta dicha tendencia, es mucho más probable que sus progenitores se impliquen en su cuidado y su probabilidad de supervivencia aumente.

Debido a que el ser humano forma parte de la gran categoría denominada “animales mamíferos”, no se ve exento de presentar esta curiosa característica. Los bebés humanos realizan numerosas conductas que favorece que el apego entre este y sus padres se fortalezca o debilite. Un ejemplo al alcance de todos sería el gesto de alzar los brazos que hacen los bebés y que los padres interpretan como que este desea que le recojan en sus brazos. Si los progenitores finalmente deciden mecerle, la relación de apego se vería reforzada. Más tarde, cuando el bebé sea capaz de caminar por sí mismo y se sienta amenazado, correrá en busca de los padres para sentirse en calma.

Animales vs. humanos

Sin embargo, la gran diferencia entre los humanos y el resto de los animales mamíferos está en el momento en el que la prole se independiza de los progenitores. Este momento vital suele darse cuando las crían han alcanzado la vida adulta y pueden provisionarse a sí misma los recursos que necesitan para subsistir. Pero esto no ocurre en el ser humano. Evolutivamente hablando, se podría considerar que los niños en edad escolar tendrían la capacidad suficiente para sobrevivir por sí solos, pero la realidad es muy distinta.

En pleno siglo XXI muchas personas se encuentran bajo el cuidado de los padres hasta casi los entrados 30 años, y la cantidad de recursos que deben emplear estos para tal fin es prácticamente infinita. Además, la dependencia, como ya hemos comentado anteriormente, requiere que los vínculos de apego se sigan manteniendo a lo largo de muchos años. Esta condición a veces es complicada de cumplir por las características de cada uno de los miembros de la familia. El paso del tiempo y los sucesos que van ocurriendo en la vida de cada uno de ellos moldean sus valores, su forma de comportarse, sus actitudes… Todo esto dificulta que las relaciones de apego se mantengan seguras durante todo el ciclo vital de la persona.

Vivir en sociedad

Esto también se extrapola al hecho de que los seres humanos somos seres sociales: necesitamos estar continuamente en contacto con otros de nuestra especie. Este contacto no implica, necesariamente, un intercambio de recursos fundamentales para sobrevivir, pero sí nos permite sentirnos más satisfechos con nuestra propia vida. De hecho, la sociedad actual está estructurada de tal forma que una persona que viva al margen de esta tendrá muchas dificultades a lo largo de su vida. La educación, la sanidad, la justicia… todo ello está dirigido por otras personas y para acceder a los servicios nos es requisito imprescindible relacionarnos con otros seres humanos.

Pero más allá de los trámites legales que estamos obligados a realizar como ciudadanos de un país, están las relaciones más personales: los amigos, la familia, la pareja, los compañeros de trabajo. Incluso cuando no estamos físicamente presentes ante otras personas, estos son protagonistas de nuestros pensamientos, ideas, sueños. No hay situación en la que podamos estar exentos de relacionarnos con otros seres humanos.

Conclusión

Somos seres sociales y eso nos hace, queramos o no, dependientes de los nuestros. Necesariamente, si queremos sobrevivir como especie debemos cuidar los unos de los otros y esto, aunque podría parecer una desventaja, no tiene por qué serlo. Depender de los otros nos ha permitido desarrollar sociedades tan complejas como las actuales, desarrollar la ciencia, la filosofía, etc. En definitiva, depender de los otros nos hace más independientes.

Cuidar, pues, de las relaciones interpersonales y de las relaciones de apego que establecemos resulta crucial. A pesar de que sea una tarea complicada y requiera de gran esfuerzo por todas las partes implicadas. La clave, según algunos expertos8, podría estar en la escucha activa, la asertividad y en la validación de las emociones ajenas.

Bibliografía

[1] Bowlby, J. (1979). The bowlby-ainsworth attachment theory. Behavioral and Brain Sciences2(4), 637-638.

[2] Hidalgo, R. (16 de junio de 2023). La teoría del apego: qué es, postulados, aplicaciones y trastornos. NeuronUP. https://www.neuronup.com/neurociencia/neuropsicologia/la-teoria-del-apego-que-es-postulados-aplicaciones-y-trastornos

[3] Garrido-Rojas, L. (2006). Apego, emoción y regulación emocional. Implicaciones para la salud. Revista latinoamericana de psicología38(3), 493-507.

[4] Milozzi, S. y Marmo, J. (2022). Revisión sistemática sobre la relación entre apego y regulación emocional. PSICOLOGÍA UNEMI6(11), 70-86.

[5] Ordiales, N. M., Chaparro, M. P. M., Rives, N. L. M. y Montesinos, M. D. H. (2022). Variables implicadas en la transmisión intergeneracional del estilo de apego: una revisión sistemática. Revista de Psicología Clínica con Niños y Adolescentes9(1), 1.

[6] Harlow, H. F. y Zimmermann, R. R. (1958). The development of affectional responses in infant monkeys. Proceedings of the American Philosophical Society102(5), 501-509.

[7] Roballo, F. (19 de septiembre de 2019). Experimento de Harlow del amor materno. NeuroClass. https://neuro-class.com/experimento-harlow-del-amor-materno/#:~:text=%C2%BFEn%20qu%C3%A9%20consist%C3%ADan%20los%20experimentos,ps%C3%ADquica%20innata%20hacia%20la%20dependencia.

[8] HostGator (24 de marzo de 2021). Consejos para mejorar tu relación interpersonal. Recuperado el 16 de diciembre de 2023. HostGator. https://www.hostgator.mx/blog/relacion-interpersonal/

Imagen | Generada con Canva IA

Cita este artículo (APA): María, M. (2023, 21 de diciembre). La teoría del apego: una sociedad dependiente. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/12/que-es-la-teoria-del-apego
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por Míriam María Vázquez

Actualmente, estudiante del grado de psicología en la UAM, aunque vive en Guadalajara, España. Apasionada por la escritura desde que tengo uso de razón y enamorada de la divulgación desde que conocí este pequeño mundo del conocimiento.

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