Apego y duelo en tiempos de Covid-19

El año 2020 nos dejó a nivel mundial, un gran cambio en cuanto al modelo educativo y laboral.

Nos hizo aprender a ser agradecidos por lo que tenemos, valorar y disfrutar a nuestros seres queridos y sobre todo, cuidar de nuestra salud.

El COVID-19 no sólo nos ha traído un extenso confinamiento, también ha generado cambios en el estilo de vida al que la mayoría de las personas estábamos acostumbrados.

Ha detonado casos de alteraciones de sueño, hábitos alimenticios, conducta agresiva, problemas de aprendizaje, ansiedad, y depresión en niños y adultos de distintas edades.

John Bowlby, en su teoría del apego, nos dice que esta reacción se debe a la propensión de los seres humanos a formar fuertes vínculos afectivos con los demás, en especial con nuestros progenitores, y debido a esto expresamos angustia, depresión e incluso enfado cuando vivimos una separación o la pérdida de alguno de ellos.

Estas emociones se deben al miedo de perder los beneficios que esa persona nos aporta.

Los seres humanos creamos vínculos afectivos desde nuestro nacimiento con nuestros progenitores, dada la necesidad de protección y seguridad, pero también podemos crearlos en nuestra etapa adulta con la pareja, objetos, e incluso con la propia situación que estamos viviendo al no saber qué cambios surgirán tras lograr controlar la pandemia.

Y aunque los seres humanos necesitamos de un vínculo afectivo para ir forjando nuestra identidad como persona y desarrollar el sentido de pertenencia… a lo largo de la vida, vamos a experimentar pérdidas, y el dolor asociado dependerá del vínculo creado con la persona fallecida. 

El duelo es un proceso por el que pasamos tras el fallecimiento de un ser querido o pérdida empleo, por mudanza o cambio de amistades.

El apego es un punto clave en todos los procesos de duelo, sin apegos no existiría el duelo.

En medida que se vaya trabajando el apego y el duelo hasta lograr readaptarnos a la vida cotidiana, iremos retomando las actividades que llevábamos a cabo antes de la pérdida o ruptura.

Hay diferentes técnicas para trabajar el tema de la muerte con las personas, las cuales se llevan a cabo dependiendo la edad y etapa de desarrollo del individuo.

En cuanto a los niños, el adulto más cercano es quien debe explicarle la situación por la que están pasando y éste debe entender que son etapas transitorias del círculo de la vida, uno que actualmente ha girado de forma precipitada.

Artículo de:

María Hernández Salinas (autora invitada):

Est. de la Lic. en Psicología Organizacional (UTEL).

Imagen| iStock

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por autores invitados

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