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La filosofía de nuestro tiempo ha olvidado a la metafísica, a tal grado de plantear su superación a partir del análisis lógico del lenguaje, como intentó en su momento Carnap, o expulsándola de la metodología por medio del proceder científico. La manera de trabajar el pensamiento se ha vuelto frío y directo, sujetándose de un motor deductivo que deja de lado el tratamiento conceptual. En este sentido, Heidegger puede representar una salida al problema de la ciencia moderna y la decadencia del pensamiento filosófico. Su ejercicio del pensamiento puede ofrecer un fármaco para la enfermedad del pensamiento moderno. 

Es necesario prestar atención al ejercicio de pensamiento heideggeriano, que se contrapone directamente con el ejercicio de pensamiento moderno, cuyas raíces más fuertes son la lógica, el lenguaje científico y la supuesta erradicación de la metafísica o, en este contexto, la superación de un lenguaje ontológico por medio de la pulcritud de las fórmulas matemáticas. 

En el presente texto tengo el objetivo de explicar cómo entiende Heidegger la necesidad de replantear la pregunta que interroga por el ser. Mi intención de mostrar que el ejercicio de pensamiento heideggeriano tiene su fundamento en la actividad cuestionadora. La importancia del tema se halla en el fondo de las muchas problemáticas que se hallan inmersas en su filosofía. La actividad cuestionadora entraña una enorme marejada de dudas y esbozos teóricos importantes para el pensamiento contemporáneo, por ejemplo, formulaciones en torno a la filosofía del lenguaje o incluso un ataque contra las corrientes lógicas de su tiempo. 

Mi texto girará en torno a la siguiente pregunta: ¿por qué, para Heidegger, la pregunta que interroga por el sentido del ser debe reformularse y cómo debe reformularse? Para responder a la pregunta en cuestión y de esta manera cumplir con mi objetivo, me serviré de la siguiente metodología, tomando como base su texto capital Ser y tiempo, específicamente la introducción: en primer lugar, explicaré la necesidad de replantear la pregunta que interroga por el sentido del ser con base en sus tres prejuicios: universalidad, indefinibilidad y comprensibilidad. En segundo lugar, hablaré acerca de la estructura formal de la pregunta que interroga por el sentido del ser. En tercer lugar, explicaré la preeminencia óntico-ontológica de la pregunta que interroga por el sentido del ser. Finalmente, plantearé expresamente mis conclusiones. 

La necesidad de replantear la
pregunta que interroga
por el sentido del ser 

La tradición filosófica cobija el nombre de ciertos filósofos respetados, como es el caso de los griegos más eminentes: Platón y Aristóteles. Ambos pensadores destacaron por ser los primeros que hablaron acerca del ser en cuanto tal, partiendo de premisas lógicas y sistemas consistentes que buscaban fundamentar los principios más básicos de nuestra concepción del mundo. A partir de una iniciativa tan novedosa, se generó un parteaguas en torno a la producción de ideas, cuyas consecuencias han pasado a la historia.

Platón, con su llamada ‘teoría de las ideas’, demarcó el camino que seguirían los demás filósofos, pues la manipulación del lenguaje y el fortalecimiento argumental trazaron un boceto útil con respecto al estudio de los entes. Aristóteles, a partir de su Metafísica, terminó por consolidar los pasos de su maestro, formulando una nueva manera de ejercer el pensamiento filosófico, de la cual bebieron posteriores eminencias, como Tomás de Aquino. No obstante, si bien la tradición ha fortalecido los argumentos de sus mayores exponentes, ha olvidado una cuestión que es base fundamental para el ejercicio filosófico: la pregunta que interroga por el sentido del ser. 

Heidegger, en este sentido, afirma que “la mencionada pregunta está hoy caída en el olvido, bien que nuestro tiempo se anote como un progreso volver a afirmar la «metafísica»” (1971, p.11). Se reitera constantemente que el camino recorrido desde Platón hasta sus días encuentra una fractura. La causa son los prejuicios que han cubierto a la pregunta que interroga por el sentido del ser, la cual ha sido deformada y enterrada. Dichos prejuicios pueden enumerarse como sigue: universalidad, indefinibilidad y comprensibilidad. En lo sucesivo, explicaré, a grandes rasgos, cada uno de los prejuicios.

El «ser» es el «más universal» de los conceptos.

Heidegger, (1971, p.12)

Con respecto a este primer prejuicio, atendiendo tanto a la gramática como a la lógica, suele decirse que la palabra ‘ser’ representa la completa abstracción. Su trabajo radica, primero, en enlazar sujetos con predicados o, segundo, en establecer instanciaciones que van de lo universal a lo particular. Por ejemplo, en la oración ‘el perro «es» café’, la palabra «es» se encarga de atribuir la propiedad de color al sujeto gramatical, el perro.

Por otro lado, otra de las funciones de dicha palabra, a la cual atiende el pensamiento filosófico, sobre todo dentro de la tradición analítica, se encuentra en su carácter existencial, es decir, que algo existe en la realidad fáctica o conceptual del mundo en el que habitamos. Esta función, a mi parecer, es la que más interesa a Heidegger, pues en ella radica el problema ontológico de fondo: descubrir cuál es el ser de los entes. A este respecto, podemos divisar que el alemán se enfrenta directamente con la tradición analítica, debido a que ésta atiende, por encima de otros problemas, al tratamiento formal y estructural de las oraciones, dejando de lado el problema de la naturaleza del ser de las cosas. 

Para Heidegger, la universalidad de la palabra ‘ser’ ha pasado a ser, para la tradición, deformada y manipulada. Primero por los escolastas y posteriormente por Hegel, quien terminó por plantear al ser como “lo inmediato indeterminado” (1971, p.12) y “da esta definición por base a todo el restante despliegue de las categorías de su lógica” (1971, p.12), propuesta que ocasiono que el concepto de ‘ser’ sea el más oscuro de todos. 

El concepto de «ser» es indefinible .

Heidegger, (1971, p.13).

De la mano de la universalidad y la oscuridad se sigue la imposibilidad de su definición. Este prejuicio, para Heidegger, es el que más problemas ha causado a los filósofos. Con base en él se ha evitado realizar la pregunta que interroga por el sentido del ser. Es natural que lo universal no pueda definirse debido a que toda definición representa una delimitación, lo cual resulta absurdo, pues el ser es ilimitado y, por lo tanto, no puede encerrarse en un conjunto de propiedades y significados equívocos. Ante esto, Heidegger nos dice: 

El «ser» no puede, en efecto, concebirse como un ente […]: el «ser» no puede ser objeto de determinación predicando de él un ente. El ser no es susceptible de una definición que lo derive de conceptos más altos o lo explique por más bajos (1971, p.13). Al ser lo más universal y atribuir propiedades a las cosas, no puede ser parte de una oración gramatical. Por lo tanto, tampoco puede ser instanciado del todo a la parte, pues esto sería un proceder paradójico. No obstante, para objetar al prejuicio de la imposibilidad de definir al ser, el alemán afirma: “la indefinibilidad del ser no dispensa de reiterar la pregunta que interroga por su sentido, sino que intima justamente en ello” (1971, p.13). 

El «ser» es el más comprensible de los conceptos.

Heidegger, (1971, p.13).

A partir del camino recorrido junto a Heidegger con respecto a los dos anteriores prejuicios, cualquier lector podría afirmar lo siguiente: «Yo hago uso de la palabra ‘ser’ en casi todas mis oraciones. A pesar de que sea el más universal y muy al margen de que no pueda definirlo, soy capaz de comprender qué es lo que estoy diciendo y qué es lo que los demás me dicen». Heidegger afirmaría al respecto que “esta comprensibilidad, «de término medio y vaga» no hace más que mostrar la incomprensibilidad” (1971, p.13). 

En este sentido, la comprensión que tenemos del ser no es más que de término medio. Por este motivo tenemos el prejuicio de que no es posible definirlo. El hecho de que tengamos una comprensión vaga de la palabra ‘ser’ únicamente demuestra que no la comprendemos, y que por ello es necesario reformular la pregunta que interroga por su sentido. La conjunción de estos tres prejuicios representa la primera muestra de la forma en que Heidegger lleva a cabo su ejercicio de pensamiento: cuestionando la forma en la que se piensa.

Estructura formal de la pregunta
que interroga por el sentido del ser

Una vez desarrollada la necesidad de reformular la pregunta que interroga por el sentido del ser, a partir de los tres prejuicios que deforman su actual estudio y cuestionamiento, Heidegger propone una manera específica por medio de la cual es posible llevar a cabo dicha tarea. Naturalmente, el filósofo reitera que, al ser la pregunta más importante, es necesario ejecutarla de un modo especial.

Ante esta problemática, Heidegger afirma: “Todo preguntar es un buscar. Todo buscar tiene su dirección previa que le viene de lo buscado […]. El preguntar tiene […] su aquello de que se pregunta. […]. Al preguntar es inherente, además […] un aquello a que se pregunta” (1971, p. 14). En este sentido, podemos resumir que la estructura formal de la pregunta que interroga por el sentido del ser comprende dos componentes: primero, aquello de lo que se pregunta; segundo, aquello a lo cual se pregunta. 

Un ejemplo de dicha estructura es el siguiente: cuando preguntamos por el precio de cierto artículo, se lo preguntamos a la persona que vende dicho artículo. Verbigracia, en la pregunta «¿qué precio tiene este libro», aquello de que se pregunta es, en efecto, el libro, mientras que aquello a que se pregunta es a la persona que vende el libro. Según Heidegger, “la pregunta que interroga por el sentido del ser es la que hay que hacer” (1971, p. 14. ¿Qué es aquello de lo cual se pregunta? El sentido del ser. ¿A quién preguntaremos acerca del sentido del ser? Esta cuestión resulta más problemática. 

La pregunta que interroga por el sentido del ser implica lo que entendíamos en el capítulo anterior de este texto como ‘una comprensión de término medio y vaga’. Por otro lado, dicha comprensión vaga implica el dar por hecho la existencia de algo a lo que llamamos ‘ser’. En este entendido, Heidegger afirma que:

Aquello de que se pregunta en la pregunta que se trata de desarrollar es el ser. Aquello que “determina a los entes en cuanto entes, aquello ‘sobre lo cual’ los entes, son en cada caso ya comprendidos” (1971, p. 15). 

Como se mencionaba anteriormente, el ser de un ente no puede ser el él mismo un ente. Para Heidegger, se llegará al ser de los entes a través de los entes mismos, es decir, a través de las cosas que nos salen al encuentro por medio de su interacción con nosotros: “el ser está implícito en el ‘qué es’ y en el ‘cómo es’ […], en el ‘ser ante los ojos’” (1971, p. 16). De esta manera, aquello a lo cual se pregunta será a los entes mismos. Se les preguntará el sentido de su ser, que es en cada caso diferente. En otras palabras: se preguntará el modo de ser de un ente, bajo cierto contexto en particular. 

Para Heidegger, el modo de ser de un ente es determinado por aquello que se pregunta. La precomprensión del ser es diferente en cada caso, por ello, es necesario “un poner en libertad un fondo que muestra ese fondo” (1971, p. 17). Lo crucial en la pregunta que interroga por el sentido del ser es aquel que pregunta, es decir, nosotros, el ente que somos en cada caso, pues el ser es inherente a la constitución esencial del ‘ser-ahí’ mismo (1971, p. 17). En resumen, aquello por lo cual se pregunta, será el sentido del ser. Aquel a quien se pregunta será al ente, específicamente al ser-ahí, que somos nosotros en cada caso. 

La preeminencia óntico-ontológica
de la pregunta que interroga
por el sentido del ser

Heidegger postula un problema capital, el cual funcionará como eje rector en sus obras, por ejemplo, en La pregunta por la técnica, El origen de la obra de arte ¿Qué significa pensar? Dicho problema parte del ejercicio de pensamiento llevado a cabo por las ciencias, sobre todo, a partir de la tematización del estudio de las cosas. Por ejemplo, la física, que estudia la realidad de la naturaleza; la biología, que estudia conceptos del organismo; las ciencias históricas del espíritu, que estudian la realidad histórica misma; la teología, que estudia el ser del hombre relativamente a Dios, etcétera. 

El problema que ve el filósofo radica en el hecho de que la ciencia propone una revisión de conceptos fundamentales, de los cuales emana cierta tendencia a investigar nuevos fundamentos. Esta investigación novedosa surge a partir de la caducidad de los conceptos fundamentales que no obedecen al cambio contextual y temporal del pensamiento. La falta de respuesta a la pregunta que interroga por el ser nace de la ausencia de pregunta. Ante ello, Heidegger afirma que “el nivel de una ciencia se determina por su capacidad para experimentar una crisis de sus conceptos fundamentales” (1971, p.19), y toda ciencia experimenta estas crisis.

Con miras a solucionar este problema, Heidegger propone la preeminencia ontológica de la pregunta que interroga por el sentido del ser, debido a que, según él, “esta indagación tiene que ser anterior a las ciencias positivas, y puede serlo” (1971, p.20). La búsqueda del ser de los entes debe ser anterior al estudio de los entes mismos: la primera se trata de una construcción; la segunda se basa en la deducción. La búsqueda del ser es la condición de posibilidad para el estudio de las ciencias. 

Llegados a este punto, cabe hacer la distinción entre los conceptos ‘óntico’ y ‘ontológico’. El primer término hace referencia al estudio del ente desde fuera del ente, es un adjetivo de éste. El segundo término, refiere al estudio del ente desde dentro del ente, es el adjetivo del ser. En este sentido, las ciencias, para Heidegger, siempre serán ónticas. ‘El ‘ser-ahí’ es un ente ónticamente señalado porque en su ser le va este su ser” (1971, p.21). El ser-ahí está abierto a él mismo, pues en su existencia se da de suyo la comprensión de sí mismo, ya que es un ser-en-el-mundo. 

Por las anteriores razones, el ser-ahí tiene preminencia óntica, debido a que en las ciencias se manifiesta su modo de ser, el cual es determinado por su existencia, y tiene preeminencia ontológica debido a que a partir de él puede realizarse la pregunta que interroga por el sentido del ser. En el mismo tenor, el ser-ahí tiene una preeminencia óntico-ontológica, que representa la condición de posibilidad de todas las ciencias y de la ontología misma.  

Conclusiones

A manera de recapitulación, Heidegger propone la necesidad de replantear la pregunta que interroga por el sentido del ser, debido a que la tradición ha permanecido oscurecida por causa de tres prejuicios primordiales: en primer lugar, que el ser es lo más universal; en segundo lugar, que el ser es indefinible; en tercer lugar, que el ser es lo más comprensible. Estos prejuicios han evitado que los filósofos estudien el ser como es debido, por lo que es necesario iniciar una nueva indagación que está a la altura del problema. 

La pregunta que interroga por el sentido del ser debe formularse de una manera muy específica, con base en una estructura formal que venga acorde a ella y tiene dos componentes: aquello de lo cual se pregunta y aquello a lo cual se pregunta. Con respecto al primer componente, se preguntará el ser de los entes; con respecto al segundo, se preguntará a los entes mismos, sobre todo al ser-ahí, que es lo que somos en cada caso. 

El ser ahí, a su vez, tiene preeminencia óntico-ontológica. Tiene preeminencia óntica debido a que es, en su ser, determinado por la existencia; tiene preeminencia ontológica debido a que, en razón de su ser determinado por la existencia, es él mismo ontológico y puede acceder al ser de otros entes que no son él mismo. Esta preeminencia óntico-ontológica es la condición de posibilidad de todas las ciencias y la ontología misma. La preeminencia de la pregunta que interroga por el ser, en este sentido, posibilita el ejercicio de pensamiento que lleva a cabo la ciencia.

En conclusión, a partir de mi texto, mostré que la necesidad de reformular la pregunta que interroga por el sentido del ser es la forma en la que Heidegger realiza su ejercicio del pensamiento, el cual lleva a cabo como ejercicio cuestionador, que se contrapone con la tradición y la forma en la que se ha ejercitado el pensamiento por parte de las ciencias.

Bibliografía

Aristóteles. (2014a). “Metafísica” en Aristóteles I. RBA-Gredos. 

Heidegger, M. (1992). Arte y poesía. Alianza editorial.

Heidegger, M. (1971). El ser y el tiempo. (Trad. José Gaos). Fondo de Cultura Económica. 

Heidegger, M. (2021). La pregunta por la técnica. Herder. 

Imagen | Pixabay

Artículo de:

Bryan Iván González Islas (autor invitado):
Mexicano. Pasante de Filosofía y estudiante de Derecho por la UNAM. Coordinador del Seminario de Investigación en Filosofía del Lenguaje y del Seminario de Investigación en Filosofía de la Ciencia. Miembro activo del Proyecto Delfos: Filosofía Aplicada.

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por autores invitados

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