Escribir esto ha sido, a la fecha, lo más difícil que he redactado. En otro momento, este texto, que es algo que tarde o temprano iba a suceder, hubiese aparecido en mi blog, pero por la dinámica de ser el CEO de Filosofía en la Red, y de que mi blog no se actualiza desde agosto del 2020, las presentes líneas vivirán aquí. Es un texto más personal que reflexivo, una página de mi diario, un acercamiento como muy pocas veces me atrevo a hacer en público. Un artículo que se sale de la norma de Filosofía en la Red.

Joseph Aloisius Ratzinger es, para mí, una persona que admiro y respeto. En dos mil ocho viví una situación complicada de salud, algo que me llevó a una crisis personal-emocional e incluso de identidad vocacional. En aquel entonces ejercía como enfermero, y me estaba desarrollando profesionalmente de formas asombrosas. Era feliz y, sin duda, me sentía pleno.

Estaba en mis veinte, recién egresado, ganando plata fruto de un trabajo que amaba y con proyecciones personales y profesionales. Pero, abruptamente, en los primeros meses de dos mil ocho, se me detectó una enfermedad, que si bien al día de hoy está controlada, en su momento me paralizó y volcó mi vida de muchas maneras. Tuve que renunciar a mi trabajo y mis opciones de futuro, en esos instantes, eran nulos. Estaba por los suelos, y sin la enfermería (junto a mi crisis emocional), sentí que todo se había ido a la borda.

Y en esos momentos, convaleciente, deprimido y sin encontrarle sentido a la vida, apareció alguien que cimbró mi vida. Vi, por casualidad (o destino), un documental sobre en el que en ese momento era ya el papa Benedicto XVI. Y ese hombre me flipó. Me impactó su inteligencia, su dominio en los idiomas, el que tuviera un doctorado en teología y que, en resumen, era un doctor de la Iglesia en vida. Un ser humano que, luego del documental y de ir investigando sobre su vida, me cautivó.

Fue entonces que hubo un clic. Un eureka.

No sabía si me dedicaría a la teología (un tema que siempre me hizo cosquillas), pero sí estaba seguro de que sería intentando seguir sus pasos, con mis limitaciones, que le encontraría ese sentido que había perdido tras ser arrebatado de la enfermería. Y sucedió: entré a estudiar ciencias religiosas, y mi vida académica dio un vuelco total, siendo así la teología y las religiones, la puerta de entrada a este mundo de la filosofía.

Ese fue el inicio de todo.

A los meses de estar estudiando la licenciatura en ciencias religiosas, algo que no tiene nada de fama en Latinoamérica, comencé mi blog: el bLog de miguE. Nació inspirado en el deseo de compartir. Y en la medida que empecé a profundizar en cosas densas y oscuras de la teología, descubrí lo difícil que era para los demás acceder a ese contenido. Usando a la famosa caverna: salí de ella con lo que iba aprendiendo y quise compartirlo con el mundo: con el blog, luego con Filosofía en la Red, también fundé una revista de teología (de cuatro números, con nihil obtast e imprimatur), e incluso un escudo inspirado en el escudo pontificio de Benedicto XVI.

Cada paso que di fue inspirado por Joseph. Mi admiración y respeto hacia él hicieron que ese fatídico bache en el que había caído se fuera pavimentando. Escuchaba sus catequesis, en directo (en las madrugadas de México), leí sus obras, ¡en fin! Ratzinger fue esa luz en mi camino que me permitió mirar hacia otro lado y ver que las humanidades pueden reconfortar.

Pero llegó el once de febrero de dos mil trece. Lo recuerdo como si fuera ayer, con una memoria fotográfica de la cual solo gozo para ese evento. Estaba desayunado con mi madre, previo a irme a trabajar, y entró en directo Benedicto XVI. Se escuchó latín en el telediario. Era él renunciando. Los presentadores tardaron en dar la noticia, pero cuando la confirmaron, mi shock, junto al de medio planeta, no se pudo contener. Joseph Ratzinger dejaría de ser papa. En mi blog, como no podía ser de otra manera, hablé del tema durante varios días.

En ese momento el iPad tenía tan solo tres años de lanzamiento, y justo hacía poco acaba de adquirir uno. Escribir en ellos no era la norma, ya que aún se concebía como algo para consumir, pero durante mi hora de almuerzo cogí el aparto y redacté el artículo sobre su renuncia. Fue un texto crudo y difícil de redactar porque no me gusta escribir textos “de actualidad“, pero la ocasión lo ameritó, como hoy. Y es por ello que, a modo de secuela, este texto usa la misma imagen, intentando con ello cerrar un ciclo.

Su renuncia cambió la sinergia y seguimiento que tenía hacia el Vaticano; sin embargo, mi apego y admiración no hicieron más que aumentar. El aceptar, públicamente, ya no tener las fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino, no lo hace cualquiera. Nos cuesta, a muchos, reconocer —y aceptar— que no podemos con una tarea o con un cargo. Y, si imaginas que estás dando un paso a un lado al puesto más importante que puedes ocupar en tu profesión, eso es aún más impactante. Y él lo hizo.

Además, siguió escribiendo; leía su correspondencia y se mantuvo, desde su retiro, activo intelectualmente. También, supo delegar, y vivir con ello. ¿Te imaginas —burda expresión, pero ilustra el caso— haber sido el jefe, y luego ver lo que pasa en tu organización, sin opinar, sin meterte, respetando las jerarquías y tu nuevo puesto? No todos pueden hacerlo, y él lo llevó a cabo de forma magistral.

Claro, en su momento lo dije1, y lo sostengo, que hay más que leer entre líneas de aquella renuncia. Pero su base, de cierta manera, fue evitar convertirse en un espectáculo por el, lo vimos después, deterioro de su salud. Quiso separarse de Wojtyla y no ser una réplica de ese pontífice que causó, en sus últimos años, más pena que gloria. Sí, el tema entra a discusión, pero, en el fondo, el perfil del alemán nunca se prestó a ser ese bonachón por el cual sentir lástima. Él quiso ser recordado, como Papa, de manera diferente. Y lo logró.

Obviamente, nunca crucé palabra alguna con él, y él no supo de mi existencia, pero Joseph Ratzinger cambió la mía. Fue esa piedra en la cual, académica y vocacionalmente, me sostuve para iniciar mi recorrido en las humanidades. Fue, con sus reflexiones, con quién aprendí a ver a la teología de una manera más crítica, más incisiva, más profesional. Él, con su vida, impulsó la mía en un momento en donde yo sentí que perdía rumbo porque me habían quitado aquello que amaba: me habían separado del trabajo que me hacía sentir vivo, aquel que hacía que me entregara a los demás, el trabajo al que iba sonriente, aquello a lo que yo pensé que me quería dedicar, y que me dedicaría, toda mi vida.

Hoy Benedicto XVI dijo adiós, para siempre, dejando un legado no solo en mi persona sino en toda la cristiandad católica. La redacción del Catecismo de la Iglesia Católica, y su posterior Compendio, por ejemplo, fueron dirigidos por él. Fue uno de los pontífices con mayor preparación académica2 en la historia de la Iglesia Católica, contando con carrera universitaria, doctorado y un vicerrectorado. Fue un Papa que, a mi ver, opacado por el carisma de su predecesor, y por el escándalo de los Vatileaks3 en dos mil doce, no supo llegar a las masas que necesitaban alguien con más clic con la gente.

Estas líneas son una despedida a ese ser humano que cambió, sin saberlo ni proponérselo, mi vida. Gracias, por haber estado en el momento indicado, por la huella que dejaste en mí. Gracias por haberme sacado de ese hoyo. Gracias por ponerme aquí, en las humanidades.

Y, aunque me duele tu partida, siempre te recordaré, como esa luz tan esperanzadora en un momento turbio. Mi agradecimiento y cariño, por siempre. Adiós, Joseph Ratzinger. Hasta pronto, Benedicto XVI.

Notas

[1] Extraído del artículo en mención sobre la renuncia de Ratzinger [bLog de miguE, 11 de febrero, 2013]: “Benedicto XVI es inteligente al renunciar. Prefiere huir luego de un triste intento de reforma —estilo Vaticano II, aunque en dimensiones estructurales— que ser tragado por una multitud de clérigos, con poder, que no quieren […] renovar y cambiar las cosas turbias que acompañan a la Iglesia católica del siglo veintiuno.” Puedes leerlo completo: https://teomigue.blogspot.com/2013/02/renuncia-benedicto-xvi.html

[2] Tomasini, C. (2005, Abril 27). Ratzinger, un Papa profesor. Magisnet. https://www.magisnet.com/2005/04/ratzinger-un-papa-profesor

[3] Escándalo de Vatileaks. Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Esc%C3%A1ndalo_de_Vatileaks

Imagen | New Haven Register

Cite este artículo: García, M. (2022, 17 de diciembre). Adiós, Ratzinger. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/12/adios-ratzinger
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por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

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