La naturaleza del tiempo. Parte 2 de 2

Retomando la parte previa del artículo, esta objeción plantearía que el cambio no es totalmente distinto de una variación espacial. No parece que haya mucha diferencia entre un «lugar» en el tiempo que en el espacio bajo el eternalismo. Entonces, como la variación espacial no constituye un cambio, tampoco hay cambio cuando un objeto pasa de un lugar a otro en el tiempo.

Se está apelando en cierto modo al cambio entendido bajo la visión dinámica. Bajo esta, el cambio consiste básicamente en que un objeto tenga una propiedad en un momento, y en otro tenga otra propiedad. Por ejemplo, un plátano es amarillo en un momento, pero en el siguiente deja de serlo. Pero el problema con esta premisa es que claramente se asume una explicación del cambio que no es propia del eternalismo. Es esperable que, si el eternalismo es verdad, el cambio sea análogo a la variación espacial, ya que el tiempo es otra dimensión del universo. No obstante, el eternalista podría decir que hay una diferencia entre la dimensión temporal y la espacial: es en ella donde ocurre la causalidad.

La causalidad ocurre a lo largo de la dimensión temporal, pero no en la espacial. El cambio ocurre por eventos o estados de cosas previos. La dimensión temporal es la dimensión del cambio, en tanto que ocurre en ella la causalidad. Así, la conclusión de la objeción es un non sequitur1. Por otro lado, parece evidentemente cierta la visión dinámica, porque se ajusta a la teoría del sentido común del tiempo. Uno de los argumentos a favor de esta posición es que experimentamos un momento presente objetivo y el paso del tiempo; a priori, la única explicación razonable de este fenómeno es postular que hay un momento presente y el paso del tiempo.

Esta teoría tiene de su lado —o al menos eso parece— al sentido común y a la experiencia. Pero tiene sus problemas. En primer lugar, ¿qué quiere decir que el tiempo fluya? La frase «el flujo del tiempo» es una metáfora interesante, pero filosóficamente tiene que decirnos algo concreto y no equívoco de la realidad —del tiempo—, en este caso.

Los dinamistas2 consideran que el flujo del tiempo consiste en que los eventos están cambiando constantemente de su posición en relación con el tiempo presente, o que nosotros, estando en el presente, avanzamos constantemente hacia el futuro; es decir, el presente se mueve. Esto, hasta cierto punto, es metafórico, porque el presente no se mueve de un lugar a otro. Entonces, ¿en qué consiste este movimiento del presente? Un dinamista podría decir que, así como un objeto se mueve de un lugar a otro en distintos tiempos, el presente ocupa un tiempo en un cierto tiempo y luego otro tiempo en un tiempo después. Estamos ahora introduciendo dos tiempos: el tiempo que nos es común y un «hipertiempo»; el que requiere de otro tiempo para que el presente se mueva.

Pero si las características del tiempo se aplican al hipertiempo, entonces caemos en una regresión al infinito: el movimiento del presente del hipertiempo requiere de una tercera dimensión temporal en relación con su movimiento. Aun si pudiéramos bloquear esta regresión, sigue siendo esta nueva dimensión temporal meramente ad hoc para evitar este problema teórico. Si el presente se mueve realmente mediante el tiempo, entonces el presente se mueve a cierta velocidad o ritmo, y esto no es más que un cambio en una dimensión en relación con un cambio en otra dimensión3. No parece que tenga mucho sentido decir que el tiempo posea una velocidad; de ser así, entonces el presente no se mueve, pues todo movimiento supone una cierta velocidad.

Como vemos, cada una de estas teorías o modelos del tiempo tienen sus respectivos pros y contras. El problema especial es reconciliar tanto la teoría científica y del sentido común; mientras que el eternalismo se compromete especialmente con la teoría científica, la visión dinámica con la teoría del sentido común. Entonces, en el caso del eternalismo, el problema es compatibilizarlo con nuestra experiencia del tiempo, en explicar sus características singulares y el porqué nuestras creencias sobre esta son de tal modo.

En el caso de la visión dinámica, me parece que su problema es más complicado que el problema del eternalismo: no parece que sea posible compatibilizar nuestras creencias comunes con la teoría científica, en tanto que entran en flagrante contradicción. Por tanto, se requiere —me parece— una interpretación filosófica o metafísica de la ciencia4.

Nota final del autor: la persona interesada puede introducirse en filosofía del tiempo con estos textos: Dyke, H. (2021). Time. Cambridge University Press; Dainton, B. (2010) Time and Space (2da ed.). Acumen; Le Poidevin, R., & MacBeath, M. (1993), The Philosophy of Time. Oxford University Press (recopilación de ensayos y papers de temas sobre filosofía del tiempo).

Notas

[1] Un non sequitur es una afirmación o respuesta que no está relacionada con la pregunta o afirmación anterior. En lógica, se refiere a un argumento en el que la conclusión no se deduce de las premisas.

[2] Este término no se usa en la filosofía del tiempo para describir la visión dinámica del tiempo. Se habla más bien de «teóricos/as A», pues así es reconocida esta posición filosófica (la teoría A del tiempo). Uso «dinamista» por gusto.

[3] Por ejemplo, los kilómetros por hora son un ritmo de cambio a lo largo de una dimensión espacial, medida en kilómetros, en relación con el cambio a lo largo de la dimensión temporal, medida en horas.

[4] O, en el peor de los casos: rechazar los resultados científicos en torno al tiempo.

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Cita este artículo (APA): Arce, E. (2024, 10 de noviembre). La naturaleza del tiempo. Parte 2 de 2. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/11/cual-es-la-naturaleza-del-tiempo

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