El absurdismo como consecuencia de la alienación en el sistema económico capitalista

El supuesto sentido de la vida a lo largo de la historia se ha atribuido a diferentes circunstancias, objetos, metas, ideas, reflexiones y una larga lista de etcétera. Resulta inevitable mencionar algunas de las respuestas más populares a la pregunta correspondiente de ¿cuál es el sentido de la vida?, entendiendo este último como aquello que resulta una razón relevante para mantenernos vivos, ya sea una perspectiva del mundo, una manera de vivir o un motivo para no llevar a cabo un acto que tenga como consecuencia el morir voluntariamente. Más de una vez se ha afirmado que el sentido de la vida recae en el conocimiento. Aprender, investigar, innovar y trasladar este conocimiento al ambiente práctico son solo algunas de las más reconocidas características de esta concepción. Esta realización de una actividad académica y científica se basa principalmente en la humanidad como totalidad y no como individuo, además manteniendo el progreso como meta de interés común. En otras circunstancias, se ha llegado a decir que el sentido de la vida no puede pertenecer a un interés común, sino que termina siendo una respuesta subjetiva, por lo que cada individuo es capaz de asignarle algún sentido, dependiendo de sus propios intereses, metas, así como sus ideas y cumplimiento de lo que entiende por realización personal. También hay quienes adjudican el sentido de la vida a la religión a la que son adeptos, concluyendo, por ejemplo, en que esta vida presente que experimentamos no es más que una especie de práctica o preparación para una mejor vida, una posterior en un plano tipo metafísico.

De todas estas ideas, seguramente la más popularizada en la sociedad contemporánea corresponde a la idea de felicidad, definiendo esta como un estado permanente de satisfacción y carencia de deseos. Esta especie de nivel alcanzado al lograr una realización individual se sostiene a través de una serie de algo que llamaré micrometas, las cuales, únicamente en su conjunto, serían capaces de alcanzar la meta final, es decir, la felicidad. Este modelo de felicidad no es tan subjetivo, pues, aunque se pretende mantener la idea aparente de que la felicidad es distinta para cada uno, así como el tiempo y contexto necesario para lograrla, queda claro que en la sociedad se han determinado patrones que fungen como guía ante el sentido de la vida misma y que, de igual manera, marginan a quienes no poseen las características de dicho molde.

¿Cómo reacciona la filosofía ante la pregunta sobre el sentido de la vida? El existencialismo1 propone el existir como una condición humana única y exclusiva, la cual mantiene una estrecha relación con las elecciones, libertad y voluntad. Por otro lado, la filosofía del Albert Camus toma como punto de partida esta corriente, para posteriormente separarse de ella y plantear su propia filosofía: la filosofía del absurdo o absurdismo.

Como se mencionó en un inicio, el sentido de la vida puede ser adjudicado a un motivo que sea suficiente para no tomar la de decisión morir voluntariamente, por lo que el caso contrario, es decir, la carencia de este motivo, es lo que principalmente incita a Camus a llevar a cabo su análisis en una de sus obras principales: El mito de Sísifo2. Según Camus, lo que provoca la decisión de morir voluntariamente, aquella ausencia de toda razón para vivir diariamente, se encuentra en la relación que mantiene el suicidio con el absurdo; en su obra escribe elocuentemente que las personas no mueren, por ejemplo, debido al fundamento ontológico, en cambio, sí lo hacen al pensar que la vida no vale la pena de ser vivida, dejando caer todo el peso en esta cuestión humana. El absurdo puede definirse, de manera sintética, como la búsqueda de un sentido intrínseco de la vida, cuando este resulta ser inexistente.

Camus ofrece una alternativa en la que afirma que la búsqueda misma de este sentido carece de una verdadera razón de ser, ya que este ni está en la religión, ni es subjetivo, ni corresponde a la felicidad, ni termina de encajar con ninguno de los ejemplos aquí expuestos, sino que simple y llanamente, no existe. A esto se refiere cuando habla de absurdo, y es posible notar su evidente relación con el sentido de la vida, así como con el suicidio, ya que la principal razón de este último radica en la carencia misma de este sentido, por lo que se pierden las razones para vivir y se opta por abandonar la vida misma. Sin embargo, ¿cuál es el origen del absurdo?, ¿qué lo detona?

Levantarse, coger el tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, el tranvía, cuatro horas de trabajo, la cena, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el mismo ritmo, es una ruta que se sigue fácilmente la mayor parte del tiempo. Pero un día surge el «por qué»3.

Claramente, la inquietud despierta múltiples sensaciones en el hombre. La carencia de una respuesta, el aplastante sinsentido de lo que hacemos, es bien descrito por Camus como lasitud. La lasitud nace a partir de una vida rutinaria, cuando nos preguntamos “¿para qué?”; esa falta de fuerzas, según Camus, es el origen de todo, el despertar de la conciencia, y a partir de esto, solo hay dos posibles salidas: el suicidio o el restablecimiento.

Lo absurdo depende tanto del hombre como del mundo4.

De las citas anteriores, se destacó que el despertar del absurdo, acompañado del sentimiento de lasitud y la conciencia de este, se da a partir de una vida rutinaria, y es aquí donde comienza la asociación con las condiciones de vida que proporciona el sistema capitalista.

La lasitud está al final de los actos de una vida maquinal, pero inicia al mismo tiempo el movimiento de la conciencia. La despierta y provoca la continuación. La continuación es la vuelta inconsciente a la cadena o el despertar definitivo. Al final del despertar viene, con el tiempo, la consecuencia: suicidio o restablecimiento5.

La manera en la que Camus decide describir la vida como maquinal, permite relacionar este término con lo descrito por Marx como alienación, es decir, aquella consecuencia inevitable para los trabajadores cuando se ven envueltos en el sistema económico capitalista. Marx propone diferentes tipos de alienación que sufre el obrero al trabajar mecánicamente. Siendo dueño únicamente de su fuerza de trabajo y no de los medios de producción, es decir, las máquinas y material necesarios para desempeñar el trabajo en cuestión, el obrero entra en un estado de extrañeza, alienación económica y alienación respecto a la naturaleza y a otros hombres. Es decir, a la alienación, Marx le adjudica el sentido de aquello que es extraño o ajeno.

Ahora cabe preguntar: ¿por qué se produce esta extrañeza? Como consecuencias de la alienación económica, se encuentran las siguientes características: el objeto producido por el trabajo se convierte en algo extraño para el obrero, además de que lo pierde y se vuelve esclavo de él. El capital se convierte en el amo y dominante del trabajador por medio del producto. Lo propio del individuo obrero pasa a ser propiedad del objeto. Teniendo esto en cuenta, es posible sintetizar que al trabajador no le pertenece su trabajo, este no se afirma a sí mismo en su trabajo, la actividad que realiza le resulta extraña y la lleva a cabo en un modo automático, su fuerza se transforma en impotencia y de esta manera su energía física y mental se vuelve contra sí mismo. Tanto más trabaja un obrero, más poderoso se vuelve el mundo ajeno en su contra.

Volviendo a Camus, ¿no resulta familiar esta descripción? ¿No es como despertar, coger el tranvía, ir a trabajar, comer y repetir esta rutina constantemente? Puede que las condiciones de trabajo, en teoría, se hayan vuelto más “dignas” en comparación al contexto en el que Marx realizó sus obras como crítica al capitalismo, sin embargo, en esencia, la situación es la misma.

Así que: ¿es la alienación responsable del despertar del absurdo? La lasitud de la que habla Camus se da a partir de la vida maquinal. ¿Qué otra vida más maquinal que la del proletariado? Despojados de los medios de producción y esclavos de un mundo que cada vez les resulta más ajeno y extraño, no les queda de otra más que en un determinado punto de su vida preguntarse: ¿para qué? Las condiciones del capitalismo necesariamente llevan al obrero la conciencia del absurdo.

Ahora, ¿por qué la respuesta al sentido de la vida ha sido posible? Pero las circunstancias lo permitieron y, de cierta forma, el ser capaces de dar una respuesta, implica que aún no se tiene conciencia del absurdo y, con ello, tampoco existe la sensación de vacío. Algunos de los ejemplos dados al inicio consistían en conocer el mundo o la carencia de deseos. Sin embargo, dejando de lado lo meramente especulativo y posándonos en un ambiente realista y de sentido común: ¿quién tiene mayor posibilidad de cumplir con esta meta?, ¿el burgués o el obrero?, ¿el burgués que tiene todas las condiciones materiales para viajar y conocer el mundo, carecer de deseos y cubrir mucho más allá de sus necesidades básicas? O, ¿el obrero que dispone únicamente de su fuerza de trabajo con la que mecánicamente cumple una función rutinaria que lo despoja de la mayor parte de su tiempo y que como recompensa obtiene no más que un salario con el que apenas le alcanza para subsistir?

Las condiciones tanto para asignar un sentido a la vida, como para llevarlo a cabo, se corresponden con los privilegios y el arquetipo de individuo feliz. Al ser la felicidad aquel cumplimiento final de una serie de micromentas impuestas por los estándares y modelos sociales, su búsqueda tan arraigada a lo largo de nuestra vida es consecuencia de la falta de aceptación del absurdo y la constante insatisfacción por no experimentar un sentido u otro. Concluyendo, lo propuesto por Camus es la vía restante para enfrentar este absurdo y la inevitable y aplastante circunstancia de vivir bajo el sistema económico capitalista que nos obliga a darle sentido a nuestra vida por medio de nuestro trabajo y micrometas que hasta el cansancio se nos han hecho creer que debemos desear cumplir, como el matrimonio, la procreación, los bienes materiales, el éxito laboral, etcétera. La aceptación provoca un alivio como consecuencia ante este absurdo. A través de la aceptación se elimina la lasitud, pues la conciencia termina por ser la verdadera fuerza del individuo más allá de su fuerza de trabajo. El proletariado, tal como Sísifo, acepta el absurdo y vive día a día su vida maquinal carente de sentido. Los que aún no se dan cuenta del absurdo viven en la búsqueda de la felicidad. Finalmente, los que poseen libertad, responden al sentido de la vida con la felicidad o cualquier cosa que sus circunstancias permitan.

Notas

[1] El supuesto sentido de la vida ha sido tema de discusión e investigación para la filosofía durante distintos períodos, corrientes y contextos. Sin embargo, quizá la manera en que mayormente se ha conocido, es a través del pensamiento existencialista, el cual ocupó lugar principalmente en Francia, durante la época posterior a la Primera Guerra Mundial. A pesar de ser una corriente bastante amplia, posee problemas y respuestas a estos problemas que se mantienen como características comunes, por lo que gracias a estas determinadas líneas de pensamiento que pertenecen a esta filosofía de la existencia ha sido posible clasificarlo y diferenciarlo de otras corrientes.

[2] Camus, A. (2021). El mito de Sísifo. Panamá: Ediciones americanas

[3] Ibídem, pág. 28.

[4] Ibídem, pág. 42.

[5] Ibídem, pág. 28.

Bibliografía

Chiodi, P. (1962). El pensamiento existencialista: Kierkegaard, Jaspers, Heidegger, Marcel, Sartre, Merleau-Ponty, Abbagnano. Mexico: Uteha.

Marx, K. (2012). Compilación. Textos de filosofía, política y economía. Gredos.

Marx, K. & Engels, F. (1972). Manifiesto del Partido Comunista / Crítica del programa de Gotha. México: Ediciones Roca.

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Cita este artículo (APA): Martínez, G. (2025, 19 de enero). El absurdismo como consecuencia de la alienación en el sistema económico capitalista. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/01/el-absurdismo-como-consecuencia-de-la-alienacion-en-el-sistema-economico

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