El presente texto fue publicado originalmente el 20 de enero de 2015. Se ha adaptado a los estándares actualues de la Plataforma.
¿Puede un ateo tener creencias si niega la existencia de Dios? Sí. El ateísmo no implica ausencia de convicciones, sino rechazo de una deidad. Un ateo puede sostener principios éticos, políticos y humanistas que orientan su vida. Más que fe negativa, suele basarse en la razón, la responsabilidad y la acción presente como fundamentos del sentido.
El título incomoda. Y es natural que lo haga. “Las creencias de un ateo” suena, en apariencia, contradictorio. ¿Cómo puede tener creencias alguien que precisamente se define por no creer en Dios? Antes de descalificar la expresión como un simple juego retórico, conviene detenernos a pensar qué entendemos por creer y qué significa realmente ser ateo.
La polémica no es gratuita. En el lenguaje cotidiano, creer suele asociarse con fe religiosa. Cuando alguien afirma “yo creo”, lo que muchas veces está diciendo es “yo tengo fe”. Pero la palabra es más amplia. Creer también puede significar sostener una convicción, asumir una postura frente al mundo o afirmar algo como verdadero desde un determinado marco de sentido.
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Entonces, la pregunta se vuelve más interesante: ¿los ateos creen en la no existencia de Dios? O mejor aún, ¿los ateos creen en algo?
La respuesta dependerá del tipo de ateo al que nos refiramos. No existe un ateísmo uniforme. Hay quienes rechazan la idea de Dios a partir de experiencias personales —a veces dolorosas— vinculadas con la religión. En esos casos, la negación puede estar atravesada por decepción, abuso de poder o desencanto institucional.
Otros, en cambio, adoptan el ateísmo como conclusión de un razonamiento. Argumentan que no hay evidencia suficiente para afirmar la existencia de un ser supremo, o consideran que la idea misma de Dios presenta incoherencias lógicas. Para este grupo, el ateísmo no es una reacción emocional, sino una postura intelectual.
Aquí surge un matiz importante. Según la Real Academia Española, creer es “tener por cierto algo que no está comprobado o demostrado”. Desde esta definición, algunos ateos dirán que no “creen” que Dios no exista, sino que consideran que su inexistencia es la conclusión más razonable ante la falta de pruebas. No se trataría de una fe negativa, sino de una negación fundamentada.
Sin embargo, incluso esa negación configura una visión del mundo. Vivir bajo la convicción de que no hay trascendencia no es lo mismo que vivir bajo la certeza de que existe un orden divino. Las implicaciones éticas, existenciales y políticas son distintas. Y en ese sentido, hay presupuestos que operan como creencias estructurantes, aunque no sean religiosas.
Ateísmo y religión:
un debate abierto
En el estudio académico de la religión, algunos autores han sugerido que el ateísmo puede funcionar, en ciertos contextos, como una especie de religión secular. La afirmación es provocadora, pero apunta a un fenómeno observable: el ateísmo organizado puede generar comunidades, discursos normativos, símbolos e incluso militancia.
No se trata de que el ateísmo tenga templos o rituales litúrgicos, sino de que ofrece una narrativa alternativa sobre el sentido de la vida y la organización social. Allí donde la religión propone un fundamento trascendente, el ateísmo puede proponer un fundamento humano.
Muchos ateos rechazan esta comparación porque consideran que el ateísmo no es un sistema doctrinal, sino simplemente la ausencia de creencia en deidades. Desde esta perspectiva, no se trataría de una religión sin dios, sino de una postura negativa frente a una afirmación específica.
La discusión revela algo importante: el término “ateo” no describe una identidad homogénea. Así como existen creyentes que no siguen con rigor los dogmas de su tradición, existen personas que se autodenominan ateas sin haber desarrollado una reflexión profunda sobre su postura.
El llamado Movimiento Ateo, especialmente en el siglo XX, reunió voces diversas: desde activistas militantes hasta pensadores académicos y ciudadanos indiferentes a la cuestión religiosa. Bajo una misma etiqueta conviven posturas distintas, a veces incluso contradictorias.
Por eso, cualquier afirmación tajante sobre “lo que creen los ateos” corre el riesgo de simplificar en exceso. No existe una ortodoxia atea universal. Lo que sí existen son convicciones particulares que, en algunos casos, configuran verdaderos sistemas éticos.
Madalyn Murray O’Hair
y la ética sin trascendencia
Un ejemplo emblemático de ateísmo militante en el siglo XX es el de Madalyn Murray O’Hair. En 1964 fue calificada por la revista Life como “la mujer más odiada de Norteamérica”. El motivo no fue trivial: lideró una batalla legal que terminó con la prohibición de la lectura obligatoria de la Biblia en escuelas públicas de Estados Unidos.
Nacida el 13 de abril de 1919 y asesinada el 29 de septiembre de 1995, O’Hair fundó en 1963 la organización American Atheists. Ese mismo año ganó el caso conocido como Murray v. Curlett, en el que el Tribunal Supremo declaró inconstitucional la práctica de recitar oraciones o realizar lecturas bíblicas obligatorias en aulas públicas.
La controversia se originó cuando su hijo fue objeto de burlas y agresiones por negarse a participar en dichas lecturas. O’Hair argumentó que el Estado no debía imponer prácticas religiosas en instituciones financiadas con recursos públicos. El fallo fue histórico: ocho votos a favor y uno en contra.
Durante el proceso judicial, el Tribunal Supremo le solicitó que redactara una breve declaración sobre lo que significaba ser ateo. El texto que presentó no fue un manifiesto científico ni una crítica teológica, sino una afirmación ética.
En su declaración, O’Hair sostuvo que el ateo se ama a sí mismo y a su prójimo en lugar de amar a un dios. También afirmó que el paraíso es algo por lo que deberíamos trabajar aquí y ahora, no una promesa reservada para el más allá. El énfasis está en la acción presente, no en la esperanza futura.
Para ella, el ateo no espera ayuda mediante la oración, sino que encuentra en sí mismo la fuerza para enfrentar la vida. Sostiene que debería construirse un hospital en vez de una iglesia, que se debe realizar una acción en lugar de rezar una plegaria, y que el trabajo se hace aquí, no en otro mundo.
El núcleo de su planteamiento es claro: la responsabilidad recae en el ser humano. No hay instancia trascendente que garantice justicia o consuelo. Por ello, la tarea ética no puede delegarse.
Creencias sin Dios
El texto de O’Hair revela algo significativo. Aunque niega la existencia de Dios, su discurso está lleno de afirmaciones normativas. Hay valores, ideales y prioridades. Se cree en la acción, en la responsabilidad, en la solidaridad, en la transformación social.
En este sentido, el ateísmo no es necesariamente un vacío axiológico. Puede implicar un desplazamiento del fundamento: del cielo a la tierra, de la trascendencia a la inmanencia, de la oración a la acción.
Por supuesto, no todos los ateos comparten la visión de O’Hair. Algunos viven su postura de manera privada, sin convertirla en un proyecto ético o político. Otros sí articulan un humanismo explícito como base de su identidad.
Lo mismo ocurre en el ámbito religioso. Declararse creyente no garantiza coherencia moral, así como declararse ateo no implica automáticamente una ética sólida. Las etiquetas no sustituyen la práctica.
Al final, el problema no radica en si alguien cree o no en Dios, sino en qué tipo de convicciones orientan su vida. Toda persona, consciente o no, opera desde ciertos supuestos sobre el bien, la justicia, la responsabilidad y el sentido.
Hablar de “las creencias de un ateo” no es, entonces, una contradicción absurda. Es reconocer que incluso la negación de lo divino se inscribe dentro de un horizonte de sentido. La cuestión no es si hay creencias, sino cuáles son y cómo se viven.
Creyentes y ateos, en última instancia, comparten una misma condición: la necesidad de decidir cómo vivir y qué mundo desean construir. En esa decisión —con Dios o sin Dios— se juega el verdadero contenido de nuestras convicciones.
Nota: En la versión previa de la Plataforma, las citas se insertaban en el cuerpo del texto sin una aplicación estricta de las normas APA. Esta readaptación mantiene deliberadamente ese estilo original.
Cita este artículo (APA): Calderón, M. (2026, 14 de febrero). Las creencias de un ateo. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2026/02/las-creencias-de-un-ateo
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ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)