¿Por qué en un país donde los ciudadanos eligen a sus gobernantes, parece que los segundos no representan ni hacen bien a los primeros? Para abordar la problemática planteada se corresponde el siguiente orden: primero se hace necesario definir bajo qué tipo de gobierno estuvo Colombia entre los años 2018 y 2022. En principio, para el profesor catedrático y columnista de Las2orillas, Antonio Vargas Mendoza, el gobierno actual es tirano. Esta idea es sustentada debido a la violencia que el mismo gobierno ha patrocinado con actos como la censura y el abuso de poder. Actos que se pueden evidenciar, por ejemplo, en la prohibición a replicar un afiche crítico en el cual

[…] aparecen las caras de cinco altos oficiales del Ejército bajo cuyo mando, supuestamente, se habrían cometido ejecuciones extrajudiciales

(López, 2020)

O con el asesinato de Javier Ordoñez a manos de la Policía Nacional y los casos de abusos reportados después de las manifestaciones contra el abuso de autoridad1. Además, también es tirano porque permite que la delincuencia siga funcionando:

[…] los ladrones de recursos públicos siguen dándose su banquete y las instituciones degradadas a más no poder.

(Vargas, 2020)

Sin embargo, al adentrarse en el concepto de tiranía es casi inevitable tropezarse con Rousseau. Para él:

En el sentido vulgar, un tirano es un rey que gobierna con violencia y sin tener en cuenta la justicia ni las leyes. En el sentido preciso, un tirano es un particular que se arroga la autoridad regia sin tener derecho a ella.

(Rousseau, 2004, p. 145)

Así pues, Rousseau ofrece dos definiciones diferentes de lo que es un tirano. La primera de ellas complementa y respalda la idea de que en Colombia existe la tiranía. Pues, como menciona el profesor Vargas2, Colombia está siendo gobernada con violencia y con continuos entorpecimientos de las leyes. La segunda, en cambio, ignora por completo la forma de gobernar y se centra en la carencia o no de legitimidad de la autoridad. Es decir, si el gobernante está en derecho de gobernar o si se arroga dicha autoridad sin derecho.

A pesar de lo anterior, Rousseau también menciona que un

Tirano es el que se inmiscuye contra las leyes para gobernar según las leyes; déspota es el que se sitúa por encima de las propias leyes. Así el tirano puede no ser déspota, pero el déspota es siempre tirano.

(Rousseau, 2004, p. 146)

De acuerdo con esto, aunque en Colombia no existe una tiranía que tenga como causa la usurpación de la autoridad, sí existe un despotismo que toma forma al situarse por encima de las propias leyes y, como menciona Vargas3, abusa de su autoridad, gobierna sin ética y se apodera de las instituciones sin ser sometida a ningún tipo de leyes. En definitiva, el gobierno actual cabe dentro de lo que Rousseau denomina despotismo y, como consecuencia, también es un gobierno tirano.

La elección democrática de un tirano

Ahora bien, cabe señalar que “Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de república unitaria, descentralizada con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista4. Es decir que, al igual que en el Estado rousoniano:

[…] es el pueblo convertido en sujeto colectivo que se autogobierna.

(Vergara, 2020, p. 42)

En este orden de ideas, en el Estado colombiano la soberanía reside en el pueblo y es este quien ejerce dicha soberanía en forma de representantes.

No obstante, si el gobernante es elegido según lo dicta la democracia y la ley colombiana, entonces debe haber alguna razón por la cual el pueblo elige el mal. Esta problemática surge porque, señala Rousseau5, aunque siempre se quiere el bien:

[…] no siempre se lo ve: nunca se corrompe el pueblo, pero a menudo se lo engaña, y solo entonces es cuando parece querer lo que es un mal”.

(Rousseau, 2004, p. 82)

Es decir, el pueblo por sí solo no escoge el mal, sino que lo hace conforme es engañado para que lo haga.

Para explicar tal engaño hay que distinguir entre tres conceptos fundamentales para Rousseau: la voluntad particular, la voluntad de todos y la voluntad general. En principio, la voluntad particular se refiere a querer el bien particular. Pero, al sumar todas las voluntades particulares resulta una voluntad de todos que solo mira al interés privado. Mientras que la voluntad general es la voluntad total, pero quitando los más y los menos que se destruyen entre sí, y le concierne todo lo relacionado con el bien común7. En este orden de ideas, la confusión entre el bien y el mal se da cuando no se distinguen la voluntad de todos, que tiende al bien particular de todos, de la voluntad general, que tiende al bien común por sobre el bien de los particulares.

Sin embargo, estas diferencias cruciales entre la voluntad de todos y la voluntad general nacen de la rectitud o ausencia de rectitud en las deliberaciones que hace el pueblo. Así, cuando el pueblo está suficientemente informado y delibera, sin que los ciudadanos se comuniquen entre sí, es cuando se da una buena deliberación y, de esto, una voluntad general. Pero si el pueblo no está suficientemente informado o los ciudadanos deliberan con intriga y sin rectitud, necesariamente se vulnera una de las dos condiciones para que se evidencie la voluntad general. Y al no cumplirse las condiciones para una buena deliberación, el resultado de este proceso fallido no es la voluntad general, sino la voluntad total.

Así pues, para rectificar la voluntad del pueblo y que esta sea lo más cercana a una voluntad general, debe haber deliberaciones libres de intriga. Para esto, una de las iniciativas claras es que se deben eliminar los partidos políticos colombianos, ya que:

Para poder, pues, fijar bien el enunciado de la voluntad general importa que no haya ninguna sociedad parcial en el Estado y que cada ciudadano solo opine por sí mismo.

(Rousseau, 2004, p. 83)

Pero esta primera opción no es viable porque atenta contra la misma forma en la que funciona la política colombiana, o sea que es inconstitucional. Pues, como lo dice Vergara:

La formación de la voluntad general requiere que los ciudadanos estén bien informados y deliberen, sin concertarse en grupos de opinión o asociaciones.

(Vergara, 2012, p. 46)

A pesar de lo anterior, también existe otra perspectiva que puede rectificar la voluntad, a saber, la de abandonar los fanatismos políticos y opinar por sí mismo. Esto, aunque no asegura que no exista deliberación entre los ciudadanos, sí pretende que cada ciudadano opine solo por sí mismo con el fin de fijar bien el enunciado de la voluntad general.

Contra el fanatismo

En tal sentido, el escenario en el que cada ciudadano piensa por sí mismo es el más apropiado para manifestar la voluntad general del pueblo colombiano. Y es justo esta idea a la que hace referencia Kant en su ensayo titulado Respuesta a la pregunta ¿qué es la ilustración? En este ensayo, menciona que la ilustración es el hecho por el que se sale de la minoría de edad, y esta es la incapacidad de servirse de su propia razón, sin la dirección de otro5.

Pero hay que aclarar a qué se refiere Kant y la labor que le corresponde hacer a los ciudadanos para tener un pensamiento autónomo. Para pensar por sí mismo hay que dejar de lado la pereza y la cobardía. Esto no resulta fácil porque es cómodo no hacer uso de la propia razón en un contexto que permite tal falta de autonomía. ¿Por qué debería aprender de medicina si hay médicos que tratan cada enfermedad?; ¿por qué debería aprender de geometría si ya hay varios estudios sobre eso; por qué debería aprender sobre política si ya hay políticos?; y finalmente, ¿por qué una persona debería pensar y actuar por su propia cuenta si ya hay quienes piensan por ella y quienes le dicen cómo actuar? Estas situaciones, y otras que tal vez no son mencionadas en este escrito, son las dificultades a las que el ciudadano se enfrenta si quiere pensar por sí mismo.

Aun así, con todas las comodidades que implica no servirse del propio entendimiento, es casi inevitable que el pueblo piense por sí mismo. Kant menciona que siempre se encontrarán personas que piensen por sí mismas y que, a pesar de las dificultades, algunas pocas pueden salir del cascarón por su propio esfuerzo8. Esta liberación del espíritu ocurre cuando se rechaza el yugo de la minoría de edad y se ensancha la vocación que todo ser humano tiene: la vocación de pensar por sí mismo y hacer uso de su propia razón. Así pues, si los colombianos rechazan tal naturaleza de marionetas y se adentran en un proceso de ilustración, pueden rectificar su voluntad para que esta sea general.

En conclusión, en el presente escrito se mostró que la ausencia de pensamiento propio en los ciudadanos es uno de los factores claves por los que se ha elegido un gobierno tirano en Colombia. Así pues, es deber de cada ciudadano esforzarse para superar la comodidad de la pereza y la cobardía, para atreverse a pensar por sí mismo, a pesar de las continuas dificultades y peligros que conlleva tal acción. De este modo, las deliberaciones entre el pueblo serán rectas y, con ello, se obtendrá la tan anhelada voluntad general que privilegia el bien común del pueblo, dejando atrás el despotismo y celebrando la democracia.

Notas

[1] Pardo, D. (9 de septiembre de 2020). Javier Ordóñez: la indignación en Colombia por la muerte de un hombre tras una violenta detención de la policía por violar la cuarentena. BBC Mundo en Colombia. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-54095677

[2] Vargas, A. (9 de junio de 2020). Colombia, ¿un caldo de tiranía?. Las2orillas. https://www.las2orillas.co/colombia-un-caldo-de-tirania/

[3] Ibídem.

[4] Constitución Política de Colombia [Const]. (1991). Art. 1º. http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/constitucion_politica_1991.html

[5] Rousseau, J. (2004). El contrato social. (1ra ed.). (E. López, trad.). Edimat Libros.

[6] Ibídem.

[7] Ibídem.

[8] Kant, I. (2004). Filosofía de la historia qué es la ilustración. (1ra ed.). (E. Estiú, y L. Novacassa, trad.). Terramar Ediciones.

Bibliografía

López, J. (1 de marzo de 2020). Los derechos en pugna tras el afiche ‘¿Quién dio la orden?’. El Tiempo. https://www.eltiempo.com/justicia/jep-colombia/analisis-del-debate-por-prohibicion-de-afiche-sobre-falsos-positivos-467636

Vergara, J. (2012). Democracia y participación en Jean-Jacques Rousseau. Revista de filosofía68, 29-52. https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-43602012000100004

Imagen | Pixabay

Cita este artículo (APA): Mendoza, V. (2023, 13 de agosto). Sobre la tiranía en Colombia. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/08/rousseau-tirania
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